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El petróleo de Obiang
Por Aarón Lemos (Canal Mundo, 10/08/2004)
 
 

Desde que alcanzó su independencia de España en 1968, Guinea Ecuatorial sólo ha conocido dos gobernantes. Su primer presidente y posterior dictador, Macías Nguema, convirtió su régimen en una de las dictaduras de más funesto recuerdo de toda África. Su propio sobrino, Teodoro Obiang Nguema, tras derrocarlo por medio de un golpe de Estado, lo ejecutó por crímenes contra la humanidad y asumió el poder al frente de un Consejo Militar. Muy pronto las esperanzas de cambio de los ciudadanos de Guinea Ecuatorial se convirtieron en pesadillas bajo un régimen que reiteró la virulencia y crueldad de su predecesor. El día 3 de agosto, Obiang Nguema celebró los 25 años de este golpe de estado calificado por la propaganda del régimen como “golpe de libertad”. Ocasión propicia para hacer balance de esta dictadura que intenta maquillarse de democracia sin conseguir engañar a nadie.

En 1996, con el retroceso de la ayuda internacional prestada por Francia y España, la retirada de los créditos del FMI y Banco Mundial y la presión para forzar una apertura democrática configuraban un entorno realmente hostil para el régimen. Sin embargo, la aparición de importantes bolsas de crudo en sus costas ha permitido obviar tan graves carencias: la comunidad internacional ha decidido pasar por alto la falta de libertades a cambio de unas buenas relaciones diplomáticas que permitan a ciertas empresas explotar el oro negro. Este hecho ha sido crucial para la supervivencia del régimen hasta la actualidad.

Recientemente, Guinea Ecuatorial ha recuperado el protagonismo en los medios. Esta vez no por causa de las sistemáticas violaciones de los derechos humanos. En esta ocasión la espectacular riqueza personal de Teodoro Obiang acaparó las portadas de la prensa internacional. Según una investigación del Senado de Estados Unidos, el dictador depositó en diferentes cuentas de la Banca Riggs, a nombre suyo y de sus parientes, 700 millones de dólares. Dinero claramente proveniente de los sobornos ofrecidos por las petroleras al dictador, según señala el propio informe.

Los 700 millones de dólares encontrados en el Banco Riggs suponen la mitad del PIB de Guinea y tres veces su deuda exterior. Hecho más sangrante todavía cuando recordamos que desde 1995 Guinea Ecuatorial no recibe ayudas al desarrollo del FMI por no pagar los créditos concedidos, supuestamente embolsados, según el FMI y Banco Mundial, por Obiang y su familia. Mientras tanto, la población subsiste en chabolas, si bien un 5% de la población, en su mayoría de etnia Fang, como el dictador, controla el 80% de la riqueza del país.

En los años 60, mucho antes de aparecer el petróleo en su territorio, Guinea Ecuatorial era uno de los países más ricos de su entorno, con altos índices de asistencia sanitaria y alfabetización gracias a la explotación y comercio exterior de su gran variedad de recursos naturales. Durante el transcurso de las dictaduras, estos índices no han cesado de disminuir. Con la aparición del petróleo, el PIB se duplicó en 5 años. Sin embargo, esto no tuvo más que una mínima repercusión en la economía nacional. De hecho, el 60% de la población sobrevive con menos de un dólar al día. Desde el Estado, las aportaciones a la sanidad y educación permanecen estancadas o crecen de forma anecdótica. Es decir, pese al enorme aumento de la renta, la distribución de la riqueza continua siendo regresiva.

Actualmente, la riqueza proveniente del petróleo es objeto de mimo y atención por parte del régimen ya que los sobornos constituyen la principal fuente de ingresos de la corte de Obiang. Esto ha provocado la desatención de los sectores que tradicionalmente han sido la principal fuente de riqueza para la economía del país. Los cultivos de cacao y café, junto con las explotaciones madereras han sido olvidados y sus exportaciones notablemente reducidas debido a la desidia gubernamental. Obiang ejerce de propietario del estado, y lo explota en exclusiva según conviene a sus intereses. Aquello que no proporciona riqueza directa a los miembros del gobierno es dejado de mano. Hoy, a pesar de la abundancia de recursos, este país ha desarrollado una dependencia del comercio exterior para el abastecimiento de bienes esenciales como alimentos básicos o materiales de construcción, importados sobre todo de Camerún, ante el declive de las empresas nacionales.

Las condiciones en las que las empresas petroleras han obtenido las explotaciones resultan totalmente leoninas. Las cifras de la explotación son, según el gobierno, secreto de Estado, la exportación de crudo está exonerada de impuestos, la participación del Estado en las explotaciones es mínima, en algunas explotaciones es incluso cero, mientras en otros países del área lo normal es una proporción para el Estado de más del 50% del volumen neto. En resumen, la explotación está diseñada de forma que no deje beneficios al Estado. Todo esto deja al descubierto algo ya conocido: la relación entre las empresas del primer mundo ansiosas de beneficios rápidos y la corrupción en el tercer mundo. La colaboración entre la Banca Riggs, que creo múltiples cuentas y sociedades para el blanqueo de fondos del dictador, las empresas petroleras que obtuvieron sus explotaciones comprando el beneplácito de Obiang y la corrupción generalizada del régimen han sumido a la población en el abandono.

Sin duda, las cifras pagadas por las petroleras a los miembros del régimen para lograr estas condiciones “refinan” una gran rentabilidad para las petroleras que no han de compartir sus beneficios con un Estado; tan solo han de compartirlos con un dictador. Eso es ética empresarial. Todo lo demás, humor, naturalmente, negro.

 
 

Aarón Lemos Correa é estudiante da USC en prácticas no IGADI.

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