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El conflicto entre islamismo y occidente: Orígenes
Por Aarón Lemos (Canal Mundo, 06/04/2004)
 
 

A día de hoy, los informativos nos muestran con una terrible habitualidad la violencia irracional de lo que algunos medios califican de “amenaza islámica” esta generalización deja de lado no solo la división del Islam, también olvida que Islam e islamismo no son exactamente lo mismo. El Islam es simplemente una religión mientras que el islamismo, también conocido como fundamentalismo o integrismo, es la politización distorsionada y fanática del Islam, llegando a la violencia para imponer su verdad a los infieles.

La incomprensión entre Occidente y el mundo musulmán ha existido desde los orígenes del Islam, atrayéndose y repeliéndose según las circunstancias históricas. Se han vigilado y observado mutuamente, pero sin ser capaces de entenderse nunca. Occidente teme el terrorismo y el fundamentalismo, pero necesita el petróleo depositado en el subsuelo de los países islámicos. Y los islamistas acusan a Occidente de ser hostil a su cultura, de respaldar a Israel, al que consideran un intruso en su tierra, así como también de proteger regímenes corruptos y antidemocráticos que controlan algunos de sus estados para así mantener el control sobre un área geográfica de gran importancia estratégica.

Entre las explicaciones de esta hostilidad, autores como Carrol Lewis describe el conflicto en términos muy similares al “choque de civilizaciones” anunciado por Huntington. Para este autor el odio hacia Occidente es el resultado de una reacción de un antiguo rival contra nuestra herencia judeo-cristiana, nuestro presente secular y especialmente la forma en que Occidente expansiona mundialmente ambos. Además, sostenía que "el movimiento hoy llamado fundamentalista no es la única tradición islámica. Hay otras, más tolerantes, más abiertas y podemos tener esperanzas de que esas otras tradiciones prevalecerán con el tiempo. Mientras tanto debemos tener gran cuidado en todos lados para evitar el peligro de una nueva era de guerras religiosas". Buscar la causa de esa "ira musulmana" comienza por observar que mientras en el cristianismo hay una separación de la religión y la política, en el Islam la lucha del bien y el mal adquirió muy pronto dimensiones políticas e incluso militares.

Las diferencias entre ambos modos de vida y religión las encontramos incluso en su génesis. Los orígenes del Islam son muy diferentes a los del cristianismo. De un lado tenemos una minoría perseguida dentro de un Estado legal y socialmente organizado -Roma- que evoluciona hacia estados con separación de poderes en los que la religión no está ligada a la política; frente a esto, el Islam es además de religión, el Estado y la ley que organizó una sociedad. Mahoma fue un hombre de Estado que levantó un imperio, y el Islam no sólo organiza y ordena lo espiritual y religioso, sino también lo político, lo social e incluso lo económico. Por eso la identificación de religión y poder ha quedado inscrita indeleblemente en la memoria de los musulmanes. El Islam es una religión, pero también un código de honor, un sistema legislativo y una forma de vida.

La humanidad para el islamismo radical se divide en fieles e infieles, a quienes estos deben llevar el Islam. La Cristiandad es así reconocida a los ojos de los fundamentalistas como un rival y la pugna entre ambas creencias ya supera ampliamente el milenio. Pero en los últimos trescientos años, el Islam estuvo a la defensiva. Los avances de Occidente, la invasión de ideas y estilos de vida foráneos e incluso los desafíos dentro de su propia sociedad por parte de los movimientos feministas y de juventudes desacordes con las restricciones en su vida que impone el modelo de sociedad islámico desatan la ira de los lideres mas radicales, que deciden volverse contra el enemigo milenario, origen del estilo de vida que tanto atrae a una parte de su comunidad.

Sin embargo, ese odio antioccidental y sobre todo antiamericano de muchos musulmanes no se debe exclusivamente a un etiquetaje como enemigos desde sus lideres; muchos otros factores pasan factura a las relaciones entre ambas comunidades como el apoyo estadounidense a Israel o las maniobras, ya sean políticas o militares, para poner y deponer regímenes árabes afines a sus intereses sin importar su corrupción, tiranía o las violaciones contra los derechos humanos que puedan cometer contra sus poblaciones. No es solo el imperialismo o la explotación económica. De hecho podemos observar que la hostilidad hacia Estados Unidos es mucho mayor que la dirigida hacia Rusia, que todavía gobierna y somete a millones de musulmanes, llegando a masacrarlos a diario en Chechenia ante el silencio internacional.

El origen del odio contra Occidente debe buscarse en la conjunción de agresiones bélicas, intervencionismo y una “violencia cultural” en la que factores como los grandes cambios sociales, intelectuales y económicos, en particular el consumismo y el secularismo han transformado al mundo islámico y amenazan con derribarlo en el marco del mundo globalizado. Los hábitos sociales que tanto atraen a la población de las naciones islámicas llegaron de Occidente y no de Rusia. En los países islámicos, el modo de vida occidental basado en el capitalismo, la democracia y la secularización es la más atractiva de las alternativas frente a su vida tradicional. Los líderes fundamentalistas ven en la civilización occidental el mayor desafío al modo de vida que ellos desean retener o restaurar para su pueblo e incluso expandir al resto del mundo.

 
 

Aarón Lemos é estudiante en prácticas no IGADI.

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