| La OTAN después de Irak Por Aarón Lemos (Galicia Información, 08/03/2004) |
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Después del 11-S, la OTAN y su concepto estratégico alcanzaron un protagonismo internacional con la intervención en Afganistán que para muchos despejaba las dudas sobre la continuidad de la OTAN tras el fin de la guerra fría. Las nuevas funciones de la OTAN se basaban en la incapacidad individual de sus miembros para abarcar los nuevos problemas internacionales. La OTAN ha perseguido su adecuación a los nuevos problemas de un mundo globalizado en el que las amenazas son transnacionales y carecen de una base de operaciones fija. La capacidad de una inteligencia militar coordinada entre sus miembros y sus fuerzas combinadas está muchísimo más desarrollada y arraigada de lo que podrían estarlo nuevas agencias creadas para afrontar estos problemas. Además, la Unión Europea ha planteado el protagonismo en la Alianza como contrapeso político de Estados Unidos. Para Europa las relaciones entre la OTAN, la Unión Europea Occidental, el Consejo Europeo, y la OCDE son parte de un sistema único en el que estas instituciones se complementan y fortalecen mutuamente. Para los europeos, la OTAN representa una oportunidad para mantener en funcionamiento mecanismos que le permiten actuar como una fuerza coordinada en lo militar, en buena medida gracias al entrenamiento conjunto y la homogeneidad en técnicas de combate y armamento que la Alianza organiza para sus miembros. En los días previos a la invasión sobre Irak nadie dudaba de la importancia de una OTAN que logró alcanzar su objetivo fundacional como entidad de defensa contrapuesta a las potencias comunistas. En ese momento se reinventó a si misma para evitar que su existencia fuera puesta en tela de juicio. Algo que consiguió comprometiéndose con la lucha contra las nuevas amenazas, la mutua defensa y el mantenimiento de la estabilidad internacional. Sin embargo, su capacidad para canalizar los posibles conflictos quedó en entredicho tras la negativa de sus miembros a apoyar la intervención en Irak y el ataque unilateral por el “Trío de las Azores”. Quedó claro entonces que la OTAN no puede plantearse una intervención a tal escala sin el apoyo estadounidense. Los norteamericanos, pese al fin de la guerra fría, aún poseían la capacidad y la voluntad para intervenir en cualquier parte del globo, con independencia de los medios necesarios y del apoyo ajeno con que pudieran contar. Ahora el tiempo ha demostrado a Estados Unidos la inviabilidad de su política unilateral y busca la legitimidad de la ONU en el control sobre Irak y el apoyo de la OTAN para realizar los relevos de las naciones ocupantes. A su vez, la ONU y la OTAN no pueden desentenderse de la cuestión iraquí, pero tampoco pueden acudir a Irak aceptando el plan de paz estadounidense como propio. Actuar bajo esas condiciones supondría iniciar una política de hechos consumados. A la espera de que las elecciones en Estados Unidos nos indiquen si el intervencionismo de Bush va a tener continuidad, ya sea en su persona o con un nuevo presidente demócrata, la OTAN tiene en su internacionalidad una bandera en torno a la cual puede recuperar protagonismo internacional. Una legitimidad reforzada gracias al debate interno que por ahora le ha evitado verse envuelta en una guerra cuestionada. La Alianza tiene garantizado un puesto de privilegio entre las instituciones internacionales pese a sus muchos problemas que están por abordar en una hipotética reforma. Entre ellos, uno de los más importantes seguirá siendo, por mucho tiempo, la diferencia entre las capacidades militares de sus miembros, un reto dificilísimo de afrontar para la OTAN que junto a la doctrina Bush debería impulsar un cambio en sus estructuras. Frente al énfasis en la capacidad de intervención estadounidense, el resto de miembros tienen serios problemas para justificar ante sus electorados la mera modernización de sus fuerzas armadas, circunstancia que remite al largo plazo cualquier mejora en esa perspectiva. A su vez otro de los problemas radica en la lucha política, en el poder de decisión a la hora de manejar las tropas. Nadie quiere que su país esté situado bajo el mando defensivo de otro. A pesar de ello, las zonas defensivas OTAN ya están creadas y estructuradas y gozan de una aceptación general. Por otro lado es imposible pensar en una alternativa armamentística viable sin los Estados Unidos en la OTAN. La dependencia de la tecnología militar estadounidense por parte de los miembros de la OTAN es un factor importante, del que solo la Unión Europea hace esfuerzos por salir, aspirando a desarrollar una capacidad militar propia a través de Euroforce. En suma, si bien Estados Unidos sigue manteniendo una gran capacidad de intervención propia, necesita una OTAN que pueda usar como aliada cuando los intereses coincidan o de cara a obtener una mayor legitimidad y eficacia. Las fuerzas de la OTAN son muy superiores a la suma de sus partes. Para valorarla debemos tener en cuenta su capacidad de gestión y coordinación, así como la autoridad política que le confiere su número de miembros y el aumento de su internacionalización. Sus miembros por separado y sin la labor de coordinación de la Organización, carecen de capacidad para enfrentarse a las nuevas amenazas que se ciernen sobre el panorama internacional, como el terrorismo, los ataques informáticos o el control del tráfico de armas o de componentes que permiten su elaboración. Son tareas que precisan de una fuerte colaboración internacional y por tanto de unas estructuras sólidas. El poseerlas actúa como una garantía de supervivencia en la elite de las instituciones internacionales y refuerza su papel como mecanismo para combatir estos riesgos. Finalmente, está por aclarar la actitud de Estados Unidos ante la OTAN. El tiempo nos dirá si pese al éxito militar, el fracaso en la búsqueda de una pacificación efectiva del suelo iraquí obligará a Estados Unidos a replantearse tanto su agresiva política exterior como la forma de llevarla a cabo ignorando la opinión de la comunidad internacional. |
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Aarón Lemos é estudiante en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 08/03/2004 |