| La extraña renegociación de los OCM Por Aarón Lemos (Galicia Información, 01/05/2004) |
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El pasado 22 de mayo el sector agrícola español recibía un duro golpe con la reforma de las Organizaciones Comunes de Mercado para el algodón, el aceite de oliva y el tabaco, siendo este último el único que salía indemne. La dureza de la reforma sobre el aceite de oliva ponía seriamente en peligro la competitividad de las empresas españolas del sector que, pese a ser la mayor producción de toda Europa, veían como Francia o Portugal doblaban la ayuda recibida por España en este producto. Además, la magnitud de la reforma del algodón provocó desde los sindicatos agrarios una corriente de temor a la desaparición de este cultivo. Ahora, en el seno de los comités técnicos se atienden las demandas españolas, repentinamente apoyadas por los gobiernos de la unión y especialmente desde la Presidencia irlandesa, llegando varios miembros a manifestar su disgusto ante la falta de sensibilidad hacia los intereses de España mostrada por el comisario europeo de Agricultura y Pesca. En una reunión de carácter técnico para concretar el texto y cifras del acuerdo previo se ha llegado a una modificación que el gobierno socialista de Madrid considera satisfactoria, sobre todo comparándola con el resultado anterior que sentenciaba al sector algodonero, del cual dependen unas 10.000 personas en España. La noticia, más allá de la defensa de los intereses españoles, es la forma en que se logró suavizar este acuerdo. Con una presencia de apenas dos días en unas conversaciones que duraron en conjunto nueve meses, el nuevo Ejecutivo español no fue capaz de movilizar sus recursos e influencias a tiempo en busca de un acuerdo más favorable para sus intereses. Sin embargo, el empeño puesto por Elena Espinosa en mejorar el acuerdo pese a suponerse cerrado, la labor de Moratinos a la hora de conseguir apoyos para esta modificación y la amenaza de congelar la reforma llevándola ante el Tribunal de Luxemburgo han dado finalmente sus frutos. En los últimos días se han desplegado todos los recursos en disposición de la diplomacia española para conseguir un nuevo acuerdo. Tras alcanzar este nuevo acuerdo, el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, realizó unas declaraciones esclarecedoras sobre el proceso de negociación en el seno de la Unión Europea: “Hay que trabajar en paralelo (...) a través de los lobbies, la diplomacias, la presión,... Sólo el momento final es el momento del voto". No cabe duda de que para volcar en tan poco tiempo el resultado de las negociaciones son necesarios todos esos recursos, pero ello no es suficiente. También es necesaria la voluntad de los interlocutores para realizar esos cambios. ¿Cómo logro esto Moratinos tras nueve meses de negociaciones infructuosas realizadas por el Ejecutivo previo? ¿Acaso las autoridades comunitarias se han mostrado más receptivas a las demandas españolas con el nuevo Gobierno? ¿Quizás por su oposición a la guerra de Irak? ¿Se hicieron acaso oídos sordos al Gobierno que apoyo a Bush? Al margen de los inescrutables terrenos de la diplomacia de alto nivel, la novedad es que se ha llegado al acuerdo final en el seno del Comité Especial de Agricultura, órgano desde el cual se preparan las reuniones de ministros y se realizan ajustes meramente técnicos a los acuerdos alcanzados. Es decir, en esta ocasión un órgano, destinado a ejercer funciones burocráticas ha actuado como si desempeñase funciones políticas, debiendo rectificar los acuerdos alcanzados por órganos superiores. Desde luego el cambio se realiza con el consentimiento de estos y sus gobiernos, pero esta forma de salir al paso supone una novedad sin precedentes, nunca antes se había recurrido a este tipo de medidas en la Unión Europea. En resumen, no solo ha cambiado el resultado de las negociaciones, además se ha recurrido a un método para solucionar el problema que nada tiene de convencional, lo cual es representativo de la urgencia de la modificación. Esta prisa resulta curiosa viendo el historial de acuerdos de la Unión Europea, que en estas materias suele compensar con el tiempo lo que quita a sus miembros mediante dádivas en otras negociaciones. Desde siempre, la toma de contacto para conocer las diferentes posturas y solicitar apoyo a los intereses propios de forma previa a las negociaciones es una constante en la diplomacia. En esta ocasión, el nuevo Ejecutivo español se incorporó demasiado tarde a unas negociaciones llevadas por el PP y cuyo resultado a punto estuvo de constituir el primer fracaso a nivel europeo del PSOE, algo especialmente comprometedor tras el énfasis puesto por Zapatero en volver al lado del eje París/Berlín. Finalmente se ha logrado un acuerdo que desde los sindicatos agrarios es visto como un mal menor frente al texto inicial y que satisface al Gobierno español. Sin embargo, la rapidez y la excepcional manera en que se ha corregido el acuerdo inicial son sintomáticas de una nueva actitud en Europa hacia el Gobierno español. |
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Aarón Lemos é estudiante en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 03/05/2004 |