Ler o artigo en galegoPresencia-OpiniónVolver ó índice / Estados Unidos
El irrealismo de la guerra de Irak
Por Andrés Freire (Canal Mundo, 18/05/2004)
 
 

Al discutir sobre las razones que subyacen tras la guerra de Irak, el común de los analistas tiende a asumir que ésta ha sido una guerra “de derechas”, apoyada por derechistas y fiel a las tradiciones intelectuales del conservadurismo occidental. Diversos comentaristas, incluso, hablan de la ultraderecha americana para referirse a los neoconservadores. Aquí mismo, hay quien ve en la guerra una demostración de la aporía y el sinsentido en que ha caído en nuestros días la política realista, la Realpolitik. En mi opinión, estos análisis se equivocan.

Recordemos las nociones básicas que los neoconservadores han aducido para legitimar la guerra: Una población iraquí sojuzgada por un dictador, un pueblo rehén del feudalismo y el autoritarismo religioso y tribal. Por ello, es una obligación moral liberar a ese pueblo para llevarle el progreso que traen consigo la democracia, la libertad y el libre mercado. Estos conceptos, además, no son particulares de Occidente y de nuestra época, sino que resultan de anhelos que se hallan dentro de todo corazón humano. Los que dicen otra cosa –los que defienden que para nosotros la democracia, para los otros la dictadura– son racistas o etnocéntricos.

Los progresistas que se opusieron a la guerra no difieren demasiado de esta visión internacional. También opinan que los regímenes no organizados por medio de la democracia parlamentaria son ilegítimos per se, y que nuestros países tienen derecho a discutir e intervenir en sus asuntos internos. La diferencia entre ambos es táctica. Los “pacifistas” quieren generar los cambios por la presión multilateral externa. Los “belicistas” buscan el atajo proporcionado por las maravillosas armas inventadas en el Pentágono.

Las ideas de los llamados neoconservadores, si bien miradas, nada tienen que ver con las doctrinas básicas del conservadurismo. La liberación de las gentes por vía de la acción política, así como la idea de valores universales asociados a la democracia y a los derechos humanos, están mucho más cerca de la izquierda progresista que de la derecha. La creencia de que un gobierno centralizado –en este caso, el gobierno federal americano– puede traer una feliz revolución al mundo parece extraída del manual del troskysmo que los padres fundadores del neoconservadurismo mamaron en su juventud.

Para la derecha más apegada al realismo estas ideas son ingenuas y peligrosas. La Realpolitik parte de una concepción pesimista acerca de la naturaleza humana. El Hombre es un ser intrínsecamente egoísta e imperfecto. Por ello, es iluso tratar de edificar en la Tierra la “Ciudad de Dios”. La única forma de asegurar la convivencia entre hombres y naciones es reconocer este egoísmo –que en las relaciones internacionales cobra la forma del interés nacional- y procurar acomodar las necesidades de cada uno de los actores políticos, sin considerar que una de las partes tiene el monopolio de la virtud.

Este pesimismo acerca de la naturaleza humana conduce al político realista al cinismo, y les lleva a aceptar y permitir relaciones formales con países malvados. Se necesitó a un cínico y a un realista como Henry Kissinger para normalizar las relaciones entre Estados Unidos con los “diabólicos comunistas” chinos y soviéticos. Ya entonces en los 70´ los neoconservadores Wolfowitz y Perle, apoyados por Rumsfeld, se echaron las manos a la cabeza ante tanta duplicidad.

Por todo ello, creo que no es la derecha ideológica la que ha impulsado la guerra, sino una suerte de socialdemócratas globalizantes con Tomahawks completamente alejados de las tradiciones intelectuales del conservadurismo. Podríamos encontrar su referente en el Wilsonismo, con su idea de la expansión mundial de la democracia bajo la égida de los Estados Unidos. Aunque quizás la mejor denominación para quienes defendieron la guerra nos la ha dado Claes Ryn: neojacobinos. Los neoconservadores comparten con el viejo Robespierre la misma lógica universalizante, la misma abstracción que embobada por los conceptos (Libertad, Democracia) olvida la fea realidad, el mismo deseo de imponer la Virtud republicana a sangre y fuego.

 
 

Andrés Freire é colaborador do IGADI.

Volver ó índice

Volver ó principio


Ir á páxina de inicio
Instituto Galego de Análise e
Documentación Internacional
www.igadi.org

ÚLTIMA REVISIÓN: 20/05/2004
Fernando Pol