| Presencia-Opinión |
| Por un puñado de dólares Por Sylvia Gómez Saborido (Noticias Obreras, primeira quincena de abril/2003) |
|
En los últimos veinte años, Estados Unidos se ha convertido en la primera potencia económica, política, militar, tecnológica y cultural del mundo, reuniendo las características de un Imperio. Sin embargo, EEUU, que es una superpotencia aún joven, es un Imperio enfermo: 46 millones de indigentes, 52 millones de analfabetos funcionales y 41 millones de estadounidenses sin coberturas sociales, son una herida indigna de quien presume de modelo democrático (en las elecciones generales de 2000, más de cien millones electores decidió no ir a votar). La primera potencia es también, entre los países industrializados, la número uno en lo que se refiere a la tasa de pobres (13% oficial) y abstencionistas (cerca del 40%). Ellos son parte de la agenda neoliberal. Lo que no concuerda es el pasar, en muy pocos años, del superávit a una deuda pública exorbitante, 6.400 billones de dólares en febrero de 2003. Ésta última, y no otras consideraciones, es la que preocupa a Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal estadounidense, conocido por sus palabras monosilábicas y cautelosas, cuando dice que la guerra contra Irak es el factor principal que está perjudicando a la economía norteamericana. Si con esto se refiere a que ninguna economía puede aguantar casi un 14% de gasto público en defensa, el golden boy del neoliberalismo debe tener razón. La suma de los gastos en defensa, permítaseme decirlo así, de “posibles enemigos” de EEUU (Rusia, China y siete “estados malhechores” –Irak, Corea del Norte, Irán, Siria, Libia, Sudán y Cuba-) equivale a un tercio del presupuesto militar estadounidense. Como el resto del mundo, el Congreso norteamericano está ya debatiendo el Presupuesto para 2004. En él se prevén gastos totales de 2,23 millones de millones de dólares, el gasto militar también está previsto: 390,4 mil millones de todos los gastos públicos. Esta cifra es semejante al déficit fiscal estimado (304 mil millones). ¿Cómo cubrir lo que en otros estados significaría su casi segura desaparición como tales? Greenspan es cauto porque calla más de lo que dice; tener la boca cerrada es la mejor virtud del mercado que representa. Así, no dice, por ejemplo, que en esos últimos 20 años, los países del tercer mundo han enviado a EEUU un millón de millones de dólares en remesas líquidas de capital, convertidos por la globalización en exportadores de capital. El desglose por años de ese millón de millones que corren hacia EEUU mantiene el monto militar de su hegemonía, usada a su vez, para convertir y mantener países como clientes y pagadores, ya que el moderno imperialismo no es de tipo productivo sino financiero. Lo que busca es la división del mundo en zonas caracterizadas por deudas insostenibles. Al poner en relación estas tendencias, evocamos de forma abstracta mecanismos que parecen muy complicados, pero que en modo alguno responden a la “mano ciega” del mercado. Vamos a simplificarlos. La economía estadounidense está íntimamente ligada al rol del dólar como moneda reserva mundial. Y el dólar es, de hecho, la divisa del mundo sin discusión, ya que por si mismo representa aproximadamente dos tercios de todas las reservas de cambio oficiales. Más de cuatro quintos de todas las transacciones internacionales, y la mitad de las exportaciones mundiales son contabilizadas en dólares Quines tienen la desgracia de entrar en tratos –es decir, en deudas- con el Fondo Monetario internacional son deudores de dólares. Cuantos más dólares se imprimen (y esto sólo lo pude hacer EEUU) para circular por el mundo adelante, más tiene el mundo que exportar a Estados Unidos mercancías y servicios a cambio de ellos. Estados Unidos produce dólares y el resto del mundo hace cosas que los dólares puedan comprar, pero como para la Reserva Federal producir dólares no cuesta casi nada, EEUU importa, en la práctica, gratis. Esto significa también que, para prevenir la especulación y las posibles devaluaciones en las monedas, los bancos centrales de los países compran dólares para mantener unas reservas equivalentes a la cantidad que circula de su moneda propia. Cuando el alza de los mercados presiona a devaluar la moneda, los bancos centrales compran más dólares, inflando así su valor, mientras el de la moneda local se enflaquece. Este proceso es denominado por los economistas “hegemonía del dólar”. La inversión extranjera (del resto del mundo) en dólares, bien a través de las exportaciones o de las reservas bancarias, es lo que permite que Estados Unidos sea capaz de mantener, año tras año, un déficit comercial monstruoso (en 2002 alcanzó la cifra récord de $435,3 miles de millones), comprando sin vender, siendo el mayor moroso mundial y sin que, aparentemente, ello lleve a consecuencias económicas mayores. Por otra parte, si el dólar les sale gratis a los norteamericanos, no sucede lo mismo con el euro para los europeos, pero algo así es lo que se pretende con su introducción. La razón principal de establecer una moneda única en Europa con una política monetaria común fue siempre, no es un secreto, convertirla en moneda reserva. Cuando se consigue que un país (un banco central) se pase al euro, la que era moneda reserva –el dólar-, se devalúa. En este caso, las importaciones comenzarían a costar a los norteamericanos un poco más (los ciudadanos gastarían más por lo de siempre, por lo que se dispararía la inflación). Al ser sustituido, sobrarían dólares, por lo que menguarían su valor arrastrando aún más la inflación. En el caso de Irak no es solo una guerra de capitalismos referida al control del petróleo. El miedo de Washington no es sólo que el precio del petróleo sea elevado, sino que la divisa pueda ser la no correcta. La guerra que separa a Estados Unidos y Europa en Oriente Medio es también una guerra de monedas, que hace referencia al propio funcionamiento de la realidad financiera mundial. Aquella que dice que la moneda del petróleo es el dólar. Hemos visto como funciona una moneda reserva, la hegemonía del dólar, que asegura el dominio del comercio mundial por parte de Estados Unidos y las consecuencias que la competencia de otra moneda reserva podría tener en una economía, la norteamericana, ya frágil. El petróleo no es solamente la mercancía más importante comercializada a nivel internacional, es la materia en la que los países ultradesarrollados basan su crecimiento industrial. Pero los países occidentales no producen petróleo, tienen que comprarlo; para ello, antes compran dólares. Actualmente la posición del dólar es defendida por la enorme presencia militar estadounidense en Oriente Medio. El reciclaje de los dólares es el precio que Estados Unidos extrae de los países productores por el cártel monopolista de la exportación establecido por la OPEP; una plusvalía basada en el acuerdo geopolítico alcanzado con Arabia Saudita como custodio de los petrodólares. Este funcionamiento ha beneficiado a Estados Unidos enormemente, ya que las fluctuaciones en el valor del dólar no han afectado directamente al precio del petróleo para los norteamericanos. En cambio, si las monedas de otros países se devalúan respecto al dólar, los precios del petróleo suben para los ciudadanos de esos países. El éxito de esta construcción depende fundamentalmente de dos cosas: que los países continúen demandando petróleo, y que la moneda reserva para esas transacciones siga siendo el dólar (y sólo el dólar). En esta superestructura macroeconómica, el potencial global del sistema monetario europeo –del euro-, y el creciente sentimiento antinorteamericano en Oriente Medio, asi como el hecho de que varios países de la OPEP parezcan decantarse por el euro (la eurozona posee mayor cota de mercado en Oriente Medio que EEUU), tienen una influencia directa en la economía estadounidense y en el actual sistema financiero mundial. Irak tomó la decisión de vender su petróleo en euros, con el permiso de la ONU, en noviembre de 2000 (reportado por Radio Free Europe). Entonces fue una decisión política (de protesta), y el euro valía 0,83 centavos de dólar. Pero desde ese momento el euro ha ganado un 20% de valor respecto al dólar, ratio que también se ha aplicado al fondo iraquí del “Petróleo por Alimentos” onusino. Si el euro es más fuerte que el dólar, lo lógico es pasarse al euro. A finales de 2002, el Banco Central de Irán pasó la mayoría de sus reservas a la moneda europea (Iran Financial News, “Forex Fund Shifting to Euro”, 25/10/2002), y el Parlamento estudia la posibilidad de hacer las transacciones de petróleo en esa divisa; otro país de la OPEP, Venezuela, declaró su intención de comercializar su petróleo en euros. En diciembre de 2002, es Corea del Norte quien decide usarlos para su comercio exterior (BBC News, “North Korea embraces the euro”, 11/12/2002). De manera que estos países han vinculado su suerte política al rechazo a una moneda, el dólar, que es también la de la guerra. La Europa que representan Francia y Alemania, y en cierto modo Rusia, como la mayor parte del mundo, querría ver una solución pacífica a la guerra contra Irak porque serviría mejor a sus intereses, visto que hasta ahora la interdependencia económica entre las grandes potencias no ha funcionado nunca si no a favor de la más poderosa de todas ellas, y sólo ha sido aceptada por la posibilidad de exportar al mercado americano. La segunda semana de marzo (cuando no se sabía si se iba a votar la segunda resolución, la de la guerra que desea Estados Unidos), la noticia emitida por la CNN de que militares iraquíes estaban negociando su rendición, hizo descender el euro, y ascender al dólar. Tras el desmentido, todo volvió a su cauce. |
|
Sylvia Gómez Saborido é investigadora do IGADI. |
|
ÚLTIMA REVISIÓN: 17/03/2003 |