| La tregua misteriosa Por Roberto Mansilla Blanco (Canal Mundo, 08/07/2003) |
|
Por enésima vez, una oportunidad para la paz en Medio Oriente. Tras un mes particularmente sangriento, precedido por un histórico acuerdo de paz entre israelíes y palestinos en Aqaba (Egipto), con el apoyo de EEUU, la ONU, la Unión Europea y Rusia, garantes de la llamada “hoja de ruta”, el anuncio el pasado domingo 29 de junio por parte de los grupos radicales palestinos Hamás, Yihad Islámica y Brigada de Mártires de Al Aqsa, (brazo armado del partido Fatah al que pertenece Yasser Arafat) de cesar cualquier tipo de ataque contra el “enemigo sionista”, Israel, durante tres meses, trae al escenario una tregua que es observada con lupa y desconcierto a nivel mundial. Esta especie de bocanada de aire fresco para un conflicto que se había descarrilado del alcance de sus principales actores y de la comunidad internacional llega en un momento en que las partes en cuestión, israelíes y palestinos, perciben ciertos signos de debilidad, síntoma que también afecta indirectamente al principal garante del acuerdo de paz de Aqaba, EEUU. El gobierno de George W. Bush se encuentra inmerso en una complicada encrucijada en Medio Oriente, atenazado por la inesperada ofensiva guerrillera en Irak, unidas a las dificultades de la nueva administración para poner orden en el país tras la caída de Saddam Hussein. Al mismo tiempo, las presiones de Washington hacia las pretensiones del régimen teocrático de Irán de adelantar su programa nuclear ocupan la atención de la Casa Blanca y amenazan con desatar otro conflicto en la región. La posibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares y de destrucción masiva es visto en Israel y EEUU con un claro signo de amenaza, de allí a que un acuerdo de paz entre palestinos e israelíes y un, aunque sea temporal, cese de la violencia, se hicieran imperantes. La gira del secretario de Estado Colin Powell y de la asesora de Seguridad Nacional Condoleeza Rice a Medio Oriente, para reunirse con líderes israelíes, árabes y palestinos, aceleró los mecanismos para la tregua. Sharon decidió retirarse del norte de la franja de Gaza y de Cisjordania, mientras desmantelaba con gran dificultad las colonias judías allí establecidas. Pero fue la decisión de los grupos extremistas palestinos lo que posibilitó el cese temporal de la violencia, una decisión misteriosa que podría tener la clave en la evidente debilidad de estos grupos ante el actual escenario regional y la batalla interna que se libra en el bando palestino. El final de la guerra en Irak, y por lo tanto del apoyo de Saddam Hussein a la causa palestina; el acoso estadounidense a Irán y Siria, dos de los principales patrocinadores de los grupos extremistas palestinos, y el estado de semi-caos interno en la Autoridad Palestina, parecen estar detrás de la tregua anunciada por Hamás Yihad Islámica y Mártires de Al Aqsa. El primer ministro palestino, Mahmoud Abbas, ha tratado de persuadir a Hamás, el principal grupo extremista cuya adhesión aumenta entre los palestinos, para constituirse en una especie de partido político que apoye el proceso de paz. Por su parte, el presidente Bush instó a Abbas a desmantelar la organización. Hamás, así como los otros grupos, han pedido constantemente la renuncia de Abbas por su política de acercamiento hacia EEUU e Israel. Pero factores logísticos y de apoyo militar parecen estar detrás de la decisión de ir a una tregua: los patrocinantes de Hamás en Siria, Irán, Irak y Líbano están bajo el radar de Washington y su margen de acción se ve cada vez más reducido. Y si contamos a Al Qaeda como organización de financiamiento y apoyo, parece que ésta tampoco tiene mucho espacio para actuar, aunque todavía sigue siendo un elemento de importancia. Del mismo modo, el hecho de que el partido Fatah y su ala radical Mártires de Al Aqsa, aceptaran la tregua, amenazaban con dejar a Hamás temporalmente fuera de acción dentro de la política palestina. La Brigada de los Mártires de Al Aqsa se creó tras el estallido de la segunda Intifada en septiembre de 2000, luego que Sharon (quien en ese momento estaba en la oposición política israelí) visitara la explanada de las Mezquitas en Al Aqsa, Jerusalén. La visita fue considerada una provocación por los grupos radicales palestinos y los Mártires surgieron como un ala islámica dentro de un partido tradicionalmente laico como Fatah, aunque sus miembros no tienen ni la disciplina ni la orientación estratégica de Hamás. La debilidad política del líder de Fatah, Yasser Arafat, propició igualmente el avance de los Mártires. Ante la perspectiva de perder apoyo entre un gran sector de la masa palestina cada vez más acorde con la visión radical islamista y con la finalidad de ganar algún tipo de apoyo dentro de la opinión pública mundial, Hamás pasó a la acción: anunció una tregua con la finalidad de “pasarle la pelota” a Sharon y atenazar los movimientos de Yihad Islámica y Mártires de Al Aqsa. Al final, Arafat y Abbas apenas han sido unos “convidados de piedra” en esta acción, incapaces aún de digerir el verdadero poder de estos grupos y la vorágine interna que vive la política palestina. Del lado israelí, las cosas tampoco se ven muy claras. Una tregua evitaría la sangría de ataques terroristas y es por ello que la acción de Hamás y los otros grupos es vista con desconfianza, aunque con cierto nivel de esperanza de que la “hoja de ruta” pueda implementarse. Pero el primer ministro Ariel Sharon deberá ahora dedicarse a una labor de la cual no es muy diestro: construir la paz en una región devastada por la guerra. El principal problema para Sharon son los miles de colonos que están siendo desalojados de Gaza y Cisjordania, colonos que él mismo alentó a que se establecieran allí desde hace más de dos años con la finalidad de amortiguar el avance poblacional palestino. Estos colonos votan mayoritariamente a los partidos ultrarreligiosos y de derecha extrema en Israel, los cuales son el principal “dolor de cabeza” para Sharon, a pesar de que su gobierno es abiertamente derechista. Las escenas de desalojos violentos en estas colonias por parte de efectivos del Ejército israelí han hecho mella en la opinión pública de ese país. Sharon se encuentra actualmente negociando con la Autoridad Palestina el retiro de tropas israelíes de ciudades emblemáticas como Hebrón, Jenín y Belén, pero el problema principal lo tiene en casa. Las regiones palestinas en Gaza han sido devastadas por los continuos avances del Ejército israelí, por lo que los palestinos tendrán un gran problema de reconstrucción. Igualmente, un descontento mayor por las excesivas concesiones a los palestinos planea sobre la cabeza del líder israelí y pudieran complicar su futuro político y hasta su integridad física, ya que el fantasma del asesinato de Yitzhak Rabin por un extremista judío se palpa en el ambiente. Mientras, Sharon se aferra a Washington y al volátil poder de Abbas dentro de la política palestina para poder mantener la “hoja de ruta” suscrita el pasado 4 de junio. La reunión de emergencia del martes 1 de julio entre Abbas y Sharon se inclina por ese camino. La estratégica y bien planeada decisión tomada por Hamás, Yihad Islámica y Brigada de Mártires de Al Aqsa no garantiza completamente que la tregua sea duradera. Sus militantes han demostrado poseer un fanatismo a prueba de bomba y serán vigilantes de las acciones que tomen Sharon y Bush con respecto a la situación de los palestinos. Por su parte, Abbas y un cada vez más fuera de combate Arafat tratan de hacer malabarismos para evitar una radicalización de la política palestina. Por ahora, la paz parece jugar fuerte pero la violencia puede que espera pacientemente la posibilidad de entrar nuevamente en el ruedo. |
|
Roberto Mansilla Blanco é investigador do IGADI. |
|
ÚLTIMA REVISIÓN: 03/07/2003 |