| Turquía y la UE: los atentados de Estambul Por Benjamín Kienzle (Canal Mundo, 25/11/2003) |
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Los cuatro atentados suicidas en la metrópoli turca de Estambul la semana pasada, que causaron 55 muertos y más de 750 heridos, han provocado una nueva polémica acerca del ingreso de Turquía en la Unión Europea (UE). Políticos conservadores, en particular en Alemania, argumentan ahora que los atentados demuestran el peligro de “importar” el terrorismo fundamentalista a la UE al integrar un país miembro del mundo islámico. Sin embargo, esta polémica muestra más bien que la derecha en Europa intenta impedir el ingreso de Turquía en la UE por todos los medios – incluso a costa de las víctimas de la violencia islamista. En realidad, los atentados de Estambul fueron más ataques simbólicos contra el mundo occidental, sobre todo contra Gran Bretaña, el “sheriff auxiliar” de los EEUU en la “guerra contra el terrorismo”, ya que los objetivos fueron tanto el consulado general británico como el segundo banco más importante del mundo, el HSBC. Hoy en día, no se puede “importar el terrorismo” a la UE. Ciudades como Londres o Madrid son ya objetivos muy probables de atentados en el futuro y el ingreso turco no aumentará el peligro. Al contrario, Turquía podría ser la “otra cara” del Islam – un país islámico y democrático al mismo tiempo. Así, funcionaría como un puente útil entre Europa y el Oriente Medio. Aunque esta visión es todavía una utopía, la derecha europea no la quiere en absoluto. Prefiere una Europa cristiana y cerrada, en la que los europeos puedan atrincherarse contra el Mal desde fuera. Sin embargo, la UE decidió que las negociaciones sobre el ingreso turco empezarían en el 2004. Estas negociaciones no terminarán definitivamente antes de la década siguiente, pero la derecha debe tener miedo de que Turquía sea país miembro de la UE al final. Por lo tanto, la derecha utiliza todos los argumentos contra el ingreso que encuentra: la islamización de Europa a través de Turquía, las emigraciones masivas de turcos a otros países de la UE (Turquía tiene más habitantes que cualquier otro país de la UE), los costes para subvencionar a la economía frágil de Turquía, las fronteras turcas con Siria e Irak, o ahora también la importación del terrorismo fundamentalista. Sin embargo, estos argumentos abusan solamente del miedo de la gente a un país desconocido, porque se basan o en puras especulaciones o en una exageración de los peligros, que existen en todos los países candidatos. Con todo, lo peor es que estos argumentos tapan los asuntos realmente importantes. A pesar de recientes reformas fundamentales del gobierno de Erdogan (que se describe como islámico-democrático siguiendo el ejemplo de los cristianos-democráticos de la Europa occidental), Turquía todavía viola todos los valores, que representan a la Europa verdadera: el ejercito kemalista controla a través del consejo de seguridad nacional la “democracia”; los Kurdos están oprimidos por el estado; y tanto los derechos humanos como las libertades fundamentales, sobre todo la libertad de prensa, de reunión y de expresión, no están suficientemente protegidos. Como mínimo, la UE reconoce oficialmente que lo más importante es que Turquía cumpla antes de su ingreso los criterios de Copenhague de 1999, que resumen los valores de la Unión. En las palabras del comisario de la ampliación, Günter Verheugen, “un país, que detiene prisioneros de conciencia, no es un país de la UE.” Pero el criticismo de esta estrategia ha aumentado desde los atentados de Estambul. |
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Benjamín Kienzle, estudiante en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 01/12/2003 |