| Irlanda del Norte: elecciones sin acuerdo Por Benjamín Kienzle (Canal Mundo, 28/10/2003) |
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Al principio el 21 de octubre de 2003 pareció transformarse en un día histórico para Irlanda del Norte. Sin embargo, la “coreografía”, es decir, la planificación previa de la secuencia de eventos políticos –un elemento central de la política norirlandesa desde hace años para incrementar el efecto deseado– fracasó ese día, a pesar de que todo había comenzado perfectamente. Por la mañana, el gobierno británico anunció que se celebrarían las elecciones a la Asamblea de Irlanda del Norte (canceladas en mayo) el próximo 26 de noviembre cumpliendo así la demanda del brazo político del Ejercito Republicano Irlandés (IRA), del Sinn Féin. Poco después, Gerry Adams, presidente del Sinn Féin, declaró en un discurso que “nos oponemos al uso o a la amenaza de la fuerza para cualquier fin político” y añadió que “el Sinn Féin quiere que todas las armas desaparezcan de la sociedad irlandesa”. Aunque no dijo literalmente “la guerra ha terminado”, como habían pedido los Unionistas, sus palabras convencieron a los Unionistas moderados; en particular, cuando el IRA aclaró que estaría de acuerdo con Gerry Adams y confirmó que había entregado una gran cantidad de armas. Sin embargo, el presidente de la Comisión Internacional Independiente de Desarme, el general canadiense John de Chastelain, no pudo confirmar por la tarde ni el lugar ni la cantidad de las armas entregadas, debido a un acuerdo de discreción con el IRA. Por lo tanto, el líder de los Unionistas moderados, David Trimble, se enfadó y no cumplió su parte de la “coreografía” – aplaudir los actos de los Republicanos y abrir el camino para una nueva ejecutiva norirlandesa con el Sinn Féin. En su opinión, era necesario un acto de desarme mucho más transparente para convencer a la desconfiada comunidad Unionista. El asunto del desarme se ha transformado en un asunto simbólico en la comunidad Unionista: es principalmente el medio de los Unionistas en contra del Acuerdo del Viernes Santo para demostrar que los Unionistas son los perdedores del Acuerdo en general, ya que los Republicanos han recibido y, todavía, reciben demasiadas concesiones. El asunto se ha inflado tanto que ahora no vale incluso un desarme substancial bajo la supervisión de una comisión verdaderamente independiente, aunque en muchas otras sociedades pos-guerras, como en Sudáfrica o algunos países centroamericanos, este asunto no ha tenido mayor importancia. Los Unionistas en contra del Acuerdo saben que este asunto tiene carácter simbólico entre los Republicanos también, porque el desarme, en particular el desarme público, huele a capitulación. Por eso los Republicanos quieren evitar cualquier acto que pueda simbolizar su derrota (por cierto, la palabra utilizada en inglés para “desarme” no es “disarming” sino “decommissioning” que sólo significa “poniendo fuera de servicio”). El resultado es, otra vez, un empate total entre los partidos del conflicto. No obstante, Tony Blair reafirmó que no cancelará las elecciones de noviembre. Entonces, ¿qué se puede esperar de estas elecciones? Puesto que todos los partidos Nacionalistas y Republicanos están a favor del Acuerdo del Viernes Santo, que el Sinn Féin desplace al Partido Socialdemócrata y Laborista más moderado, convirtiéndose en el partido más votado en la comunidad Nacionalista/Republicana tiene sólo menor relevancia. Lo más importante es el resultado en la comunidad Unionista: En total, existen tres posibles escenarios diferentes. En primer lugar, que el Partido Unionista del Ulster gane las elecciones debido a un nuevo acuerdo con el Sinn Féin antes del 26 de noviembre, de modo que ambos puedan compartir el poder en la ejecutiva norirlandesa – desgraciadamente algo muy improbable. En segundo lugar, que todo quede como está ahora. Esto significaría que el proceso dé, una vez más, dos pasos adelante y uno atrás. En tercer lugar, que el Partido Democrático Unionista (DUP) y otros Unionistas en contra del Acuerdo del Viernes Santo ganen las elecciones, lo que podría tener dos efectos: que el DUP renegocie un nuevo Acuerdo que incluya a la oposición Unionista en el proceso de paz (después de todo David Trimble ya fue visto como “hombre duro” antes del Acuerdo del Viernes Santo); o que el proceso de paz fracase, abriendo la posibilidad de una nueva ola de violencia. Por consiguiente, con la llamada a las urnas de noviembre, el futuro del proceso de paz estará en las manos de los ciudadanos norirlandeses. |
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Benjamín Kienzle, estudiante en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 30/10/2003 |