| Irlanda del Norte y las elecciones del 26 de noviembre Por Benjamín Kienzle (Canal Mundo, 18/11/2003) |
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Una semana antes de las elecciones a la Asamblea de Irlanda del Norte, el resultado está todavía completamente abierto. Sin embargo, un reciente sondeo publicado en el diario The Belfast Telegraph indica que no se pueden esperar grandes cambios: en cada comunidad, unionista y nacionalista, el partido más moderado supera en poco al partido más radical. En concreto, el Partido Unionista del Ulster recibe el 26 % de los votos y el Partido Socialdemócrata y Laborista el 22 %, mientras que el Partido Democrático Unionista y el Sinn Féin reciben el 20 % respectivamente. Con un resultado tan equilibrado, es muy probable que las confrontaciones entre unionistas y republicanos y entre los defensores y oponentes al Acuerdo del Viernes Santo continúen – culminando probablemente en una nueva paralización del proceso político de Irlanda del Norte – ya que los partidos norirlandeses no han solucionado los espinosos asuntos del desarmamiento del Ejercito Republicano Irlandés y de la reforma de la policía. No obstante, las campañas de elección muestran también, aunque más bien de manera inadvertida, que la situación política de Irlanda del Norte ha mejorado en muchos respectos. El puro hecho de que se celebren elecciones verdaderamente democráticas en una sociedad pos-guerra como Irlanda del Norte supone una mejora significante. Desde el Acuerdo del Viernes Santo, Irlanda del Norte tiene un sistema de votación complicado que garantiza la representación real de la sociedad norirlandesa e impide la dominación de la comunidad mayoritaria como en los años anteriores a 1972, cuando Londres impuso el gobierno directo (“Direct Rule”). Al mismo tiempo, los Republicanos no llevan a cabo su política tradicional de “abstencionismo” (“abstentionism”), es decir, participan en las elecciones, aunque se abstienen del Parlamento. Así, todos los partidos toman parte realmente en el proceso político norirlandés. Además, y en contraste a muchas otras sociedades pos-guerra, la violencia no ensombrece las elecciones. Todas las organizaciones paramilitares – tanto las lealistas como las republicanas – no utilizan medios violentos para influir de cualquier manera los resultados electorales. Estos desarrollos se reflejan en los manifiestos de los partidos. Aunque todavía son radicales y opuestos y no reflejan las tradicionales divisiones políticos entre la derecha, el centro y la izquierda de otros países de la Europa occidental, son considerablemente más moderados que hace unos años. Más notablemente, el Sinn Féin, que abogaba por una Irlanda unida mediante el uso de la violencia durante décadas, se contenta ahora con propuestas pacíficas para aumentar la cooperación entre la Republica de Irlanda e Irlanda del Norte. Además todos los partidos dan cada vez más importancia a los asuntos de “pan y mantequilla”, como se dice en Irlanda del Norte, i.e. a los asuntos sociales y económicos concretos como por ejemplo la reforma de la débil sanidad. Por lo tanto, es muy probable que algunos nacionalistas moderados den incluso su voto a candidatos unionistas a favor del Acuerdo del Viernes Santo para apoyarlos contra los oponentes del Acuerdo. Aunque a veces es importante destacar estas mejoras en la situación política de Irlanda del Norte – en particular a la vista de las décadas anteriores al Acuerdo del Viernes Santo – no se puede asegurar que los ciudadanos norirlandeses las hayan visto y, en consecuencia, den su voto a las voces de la razón. Los ciudadanos todavía pueden hacer posible una victoria electoral de los partidos más radicales y/o en contra del Acuerdo del Viernes Santo. |
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Benjamín Kienzle, estudiante en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 18/11/2003 |