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Europa, la educación y la integración de musulmanes
Por Benjamín Kienzle (Canal Mundo, 04/11/2003)
 
 

Durante las últimas semanas y meses, varios países de la Unión Europea, en particular Francia, Alemania e Italia, han visto debates polémicos e intensos sobre la integración de los ciudadanos musulmanes. En todos los casos, lo que desencadenó los debates fueron los símbolos religiosos en las escuelas públicas. Dicho de otra manera, en los debates no se ha discutido solamente la cuestión de la integración de musulmanes, sino también el papel del estado como defensor del secularismo y de la neutralidad, sobre todo en la educación.

Los debates han sido muy complejos y sin fronteras claras: varios miembros de partidos de la izquierda y de la derecha, feministas y machistas, han tomado posiciones en lados diferentes. En Francia, el caso concreto ha sido si dos alumnas pueden ir a clase (en una escuela pública de París) con velos, mientras que en Alemania una maestra musulmana se presentó ante el Tribunal Constitucional Federal para defender su derecho a llevar un velo durante clase en una escuela pública en la autonomía Baden-Württemberg.

Los argumentos de los alumnos franceses, de la maestra alemana y de todos los defensores del derecho de llevar velos en escuelas públicas, se basan en un derecho fundamental de todas las democracias liberales del mundo occidental: en la libertad de culto de cada persona. En realidad, las alumnas y la maestra pudieron demostrar convincentemente que el velo es solamente una expresión de su credo personal. Por ejemplo, la madre de las alumnas no lleva velo y el padre es incluso judío. Además, los defensores del velo pueden remitirse al derecho de monjas y curas de dar clases en escuelas públicas, sobre todo en escuelas del conservador sur de Alemania (dónde está Baden-Würrtemberg), sin quitarse ni los hábitos ni las sotanas.

Los argumentos en contra han sido de dos partes. Por un lado, los neo-conservadores y la derecha cristiana han argumentado que los países de Europa occidental son países cristianos, así que no se pueden llevar estos símbolos religiosos en sitios públicos, ya que no son parte de la “tradición cristiana de occidente”. Sin embargo, el racismo de este argumento es evidente y no puede ser parte de una democracia. Por otro lado, los representantes del republicanismo laico-radical, con una influencia grande en Francia, han argumentado que las escuelas públicas tienen que estar libres de cualquier símbolo religioso. Incluso Turquía, un importante país musulmán (aunque no democrático), prohíbe los velos en todos los sitios públicos debido a su tradición laica. Además, algunas feministas han añadido que el velo no es un símbolo religioso, sino un símbolo de la opresión de la mujer en los sociedades musulmanes; es decir, el estado tiene que prohibir los velos en sitios públicos para defender a las mujeres.

Sin embargo, los argumentos de los republicanos laicos y de las feministas no carecen de problemas, ya que puedan violar la libertad de culto de una persona, como en los casos mencionados arriba. Entonces, ¿cuál podría ser un camino razonable fuera de esta jungla de argumentos?

En primer lugar, es necesario distinguir entre lugares y personas; es decir, un lugar público como una escuela debe ser un sitio sin ningún símbolo religioso, como lo son los crucifijos de muchas de las escuelas europeas, ya que una democracia tiene que garantizar la neutralidad de la educación y así, ninguna libertad de culto es infringida. Pero una persona, como alumnas y maestras, posee libertad de culto. Por lo tanto, el estado tiene que encontrar un compromiso entre dos principios fundamentales: la libertad de culto y el mandamiento de neutralidad. Esto significa que maestras y alumnas individuales pueden dar clases con símbolos religiosos como un velo o un collar con una cruz. Pero al mismo tiempo, el lugar tiene que estar libre de símbolos religiosos y, lo más importante, el contenido de las clases no debe ser propaganda de ningún tipo. Además, las escuelas deben ocuparse de que el uso de símbolos religiosos no se convierta en símbolos políticos, por ejemplo, que el velo no se convierta en señal de grupos fundamentalistas.

Así el estado garantiza la neutralidad de la educación, no infringe los derechos de las personas individuales, no expulsa musulmanes creyentes a escuelas fundamentalistas privadas (sin controles del estado), y enseña a todos los alumnos la tolerancia y la convivencia con gente con otros credos y convicciones -la base de una verdadera integración en una sociedad plural-. Al fin y al cabo, lo más importante es que los maestros enseñen, y los alumnos aprendan, los valores fundamentales –la democracia, la libertad y la tolerancia–. Y no tiene mayor importancia si lo hacen con velos o con símbolos de la nueva religión del consumismo: vaqueros Levis, tenis Nike, gorros de las estrellas del hip-hop…

 
 

Benjamín Kienzle, estudiante en prácticas no IGADI.

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