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La OTAN en Afganistán: trasfondo político e implicaciones
Por Benjamín Kienzle (Canal Mundo, 02/09/2003)
 
 

El 11 de agosto de 2003 ha sido un día con dimensiones históricas. Por primera vez en sus 54 años de existencia, la OTAN ha empezado una misión fuera de su ámbito tradicional, la zona euro-atlántica. La Alianza ha asumido el liderazgo de la Fuerza Internacional de Apoyo a la Seguridad (ISAF) en Afganistán que tiene el cometido –bajo mandato del Consejo de Seguridad de la ONU (Resoluciones 1386, 1413 y 1444)– de asegurar un entorno estable en Kabul y sus alrededores y de ayudar a la Autoridad Afgana de Transición.

En un principio, la ISAF fue creada en virtud de los Acuerdos de Bonn, en diciembre 2001, como fuerza multinacional liderada cada seis meses por una nación diferente, primero por Reino Unido, después por Turquía y, finalmente, Alemania y Países Bajos. Sin embargo, tanto Alemania y los Países Bajos como Canadá, el próximo país responsable, percibieron que los relevos impedían la efectividad de la misión, porque cada seis meses había que cambiar el cuartel general y el centro de mando, cuyas plantillas tenían que asumir siempre de nuevo una responsabilidad compleja. Por lo tanto, estas naciones pidieron al Consejo del Atlántico Norte que la OTAN se encargara de la ISAF.

De todas formas, estas razones no explican por qué la OTAN ha asumido su primera misión fuera de Europa. ¿Por qué no pidieron a la ONU que transformara la ISAF en una misión de cascos azules? En realidad, la ISAF ya tiene un mandato robusto del Consejo de Seguridad. Además, la ONU es una organización más completa, es decir, ya cuenta con los medios para solucionar los amplios problemas de Afganistán, tanto económicos y sociales como de seguridad, mientras que la OTAN es principalmente una organización militar. Una misión de la ONU hubiera abierto, también, la puerta a las naciones de fuera del mundo occidental, en particular a los países islámicos.

Parte de la explicación de la preferencia por la OTAN reside en el discurso del 11 de agosto de Minuto Rizzo, el vicesecretario general de la OTAN, en el que dijo que “esta nueva misión es una reflexión de la continua transformación de la OTAN, y opta por hacer frente a los retos del siglo XXI.” Pero, ¿qué significa esta “continua transformación”?

El fin de la Guerra Fría privó a la OTAN de la justificación principal de su existencia, la amenaza soviética. Sin embargo, tanto los EEUU como Europa creyeron que todavía necesitarían a la OTAN, ya que ha sido, y aún es, la organización transatlántica más importante. Por eso, empezaron a transformar la Alianza para adaptarla al mundo de la pos-Guerra Fría. Como implica la cita de Minuto Rizzo, una de las transformaciones centrales de la OTAN es la adopción de “misiones de paz” como nueva justificación de su existencia. Estas misiones empezaron – más bien con resultados modestos – en el “patio de Europa”, en los Balcanes, para luego ir más lejos. Así, la asunción del comando de la ISAF por la OTAN es una consecuencia lógica y, en palabras de Jack Deverell, General de las Fuerzas Aliadas del Norte, un “hito” en la transformación de la OTAN.

Pero al mismo tiempo, no se debe sobrevalorar este acontecimiento. A un nivel más profundo, se muestra que la OTAN está perdiendo su poder e influencia. De hecho, los EEUU no utilizaron prácticamente la ayuda militar de la OTAN durante la guerra en Afganistán sino después de ella, a pesar de que la OTAN había invocado, por primera vez en su historia, el artículo V de defensa colectiva de la Alianza. Los líderes norteamericanos prefirieron, en su lugar, ir a la guerra con una “coalición de los disponibles”, modelo que fue repetido en Irak.

Además de la ideología unilateralista del Pentágono, tres razones explican estas preferencias del gobierno americano: Primero, los EEUU no necesitan militarmente a los europeos, cuyas fuerzas armadas no pueden medirse con las suyas. Segundo, el fracaso militar de la “guerra por comités” de la OTAN, en Kosovo, en 1999, fue un aviso para la opinión de los círculos poderosos en Washington. Tercero, la emancipación europea en cuestiones de defensa y seguridad después de la Guerra Fría – algunos miembros de la UE empezaron en 1999 a construir seriamente una, aunque todavía embrionaria y discutida, política de seguridad común – ha provocado desavenencias y desacuerdos entre los miembros de la Alianza. La reciente ampliación de la OTAN ha aumentado esta problemática, ya que los siete nuevos miembros del antiguo pacto de Varsovia también tienen sus propios y a veces controvertidos intereses. Además, la ampliación va a continuar y podría incluir en el futuro a Rusia.

La conclusión debe ser que la OTAN ya no es una Alianza para la defensa colectiva, sino una creciente organización de seguridad, cuyos miembros pueden ponerse de acuerdo en misiones militares ocasionalmente, cuando los intereses de los miembros de la OTAN coincidan, como en Afganistán. En este caso, los europeos pueden demostrar sin oposición masiva de sus países su lealtad a los EEUU. Al mismo tiempo esta misión de la OTAN garantiza el liderazgo indirecto de las fuerzas armadas estadounidenses, ya que los cuarteles generales de la misión son el Cuartel General Supremo de las Potencias Aliadas en Europa (SHAPE) y el Cuartel General de las Fuerzas Aliadas en Europa Septentrional (AFNORTH), ambos dirigidos por generales norteamericanos. Además, en otras palabras, es una misión de baja intensidad (sólo en Kabul), y por ello de bajos costes. Sin embargo, esta misión muestra también que la OTAN, pese a las misiones ocasionales que tendrá, ha perdido su poder.

 
 

Benjamín Kienzle, estudiante en prácticas no IGADI.

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