Ler o artigo en galegoPresencia-OpiniónVolver ó índice / Europa
La defensa común de la UE
Por Benjamín Kienzle (Canal Mundo, 09/12/2003)
 
 

Durante las negociaciones de los Ministros de Exterior de la Unión Europea (UE) sobre la futura Constitución europea la semana pasada en Nápoles (Italia), Alemania, Francia y Reino Unido llegaron a un acuerdo sobre el papel militar de la UE. Después de las rupturas entre estos países a causa de la guerra anglo-americana en Iraq, el acuerdo es un logro respetable. Todavía en abril de este año, Francia, Alemania, Bélgica y Luxemburgo habían propuesto un cuartel general de defensa independiente – un plan que no gustó ni a Reino Unido ni a los EEUU. Pero con el acuerdo de la semana pasada se ha puesto fin esta disputa. El acuerdo es desgraciadamente un típico compromiso de la UE, que deja mucho espacio para su interpretación. Pero de todas formas ha abierto las puertas para el refuerzo de la defensa común de la Unión. Pero, ¿necesitamos en realidad una defensa común en Europa?

Según los “atlantistas”, que argumentan que la defensa de Europa es un asunto trasatlántico, es decir, de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), la UE no necesita ningún tipo de defensa común. Al contrario, la defensa común es un peligro para la efectividad de la defensa europea, ya que excluye a los EEUU y Canadá y sólo duplica los activos de la OTAN. Por otro lado, según los “europeístas”, la OTAN es un legado de la Guerra Fría. Lo que necesita la UE hoy en día es su propia política de seguridad para actuar independientemente. Los “europeístas” lamentan que Europa dependa todavía militarmente de los Estados Unidos, a pesar de las diferencias frecuentes en la política exterior y de seguridad durante los últimos años. El acuerdo de Nápoles es en principio un compromiso entre estas líneas de argumentación y reconoce, por lo tanto, la importancia de ambas.

No es un secreto que ningún país europeo, ni Francia ni Reino Unido, tenga capacidades militares como las de los EEUU. En particular, los europeos carecen de logística e inteligencia militar. Mejor dicho, ningún país europeo es capaz de actuar durante mucho tiempo fuera de la UE. Siempre que los europeos desplegaron sus tropas en países como Macedonia o Afganistán necesitaron el apoyo de los norteamericanos. Al mismo tiempo, sería insensato que la UE intentara duplicar los activos de los EEUU, porque la mayoría de los estados miembros ya tienen déficits presupuestarios. Por lo tanto, la UE todavía necesita a los EEUU y la OTAN. Consecuentemente, el hecho de que en el Acuerdo de Nápoles se reconozca a la OTAN como organización principal de seguridad en Europa parece acertado.

No obstante, la UE debería tener los bienes suficientes para actuar independientemente en situaciones en las que los EEUU no tenga intereses o en las que la Unión y el Pentágono no estén de acuerdo como por ejemplo en los casos de Macedonia o la República Democrática de Congo. El establecimiento permanente de la “célula europea” de planificación en el cuartel general de las fuerzas de la OTAN en Europa y las mejoras del actual Estado Mayor de la UE es ciertamente un comienzo. Igualmente, la “cooperación estructurada” prevista en el borrador de la Constitución Europea son principios importantes, ya que puedan conducir a un futuro “ejército europeo”. Este es el único camino para crear estructuras militares más efectivas en Europa. Después de la Guerra Fría ya no se necesitan grandes ejércitos para defender el territorio Europeo: “estamos rodeados por estados amigos”. Lo que realmente se necesita es un ejército pequeño y flexible, que se pueda desplegar en zonas de guerras civiles y/o catástrofes humanitarias. Si los estados miembros lo hacen juntos, se pueden compartir costes y evitar duplicaciones. Sin embargo, por el momento sólo existe este vago compromiso de “coordinación estructurada” y de “defensa mutua” entre los países miembros de la UE.

La implementación del acuerdo de Nápoles será lenta y polémica, ya que la política exterior y de seguridad es todavía un asunto esencial de los gobiernos nacionales. Probablemente, países como Reino Unido se reserven un veto en la Constitución europea. Además, hay problemas prácticos, pongamos por caso el asunto de duplicación de los activos de la OTAN o, por ejemplo, el papel de “países neutrales” como Irlanda. Llevará años hasta que la UE sea una “Unión de Defensa”.

 
 

Benjamín Kienzle, estudiante en prácticas no IGADI.

Volver ó índice

Volver ó principio


Ir á páxina de inicio
Instituto Galego de Análise e
Documentación Internacional
www.igadi.org

ÚLTIMA REVISIÓN: 12/12/2003
Fernando Pol