| Presencia-Opinión |
| Alemania: Ejército y economía, asociación
para un Estado moderno Por Sylvia Gómez Saborido (Noticias Obreras, novembro/2002) |
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“En la actualidad, estamos participando en la lucha contra el terrorismo internacional, incluyendo el ámbito militar. Nos hemos hecho mucho más internacionales. Y esto no supone otra cosa que una clara ruptura con el pasado, algo que, en definitiva, habrá de determinar nuestro futuro”. Quien así hablaba hace unos meses era Gerhard Schröder y tenía razón. Alemania es hoy más internacional que anteayer -digamos la larguísima guerra fría- porque tiene sus tropas en Kosovo, Macedonia, Afganistán y el cuerno de África, y la recuperación de la capacidad militar, en un país que hasta hace bien poco no tenía mando militar, es espectacular. Por eso cuando el reelegido gobierno rojiverde declara que, aún siendo contrario a una intervención armada en Irak, se encuentra disponible a participar en la estabilización del país una vez terminado el “eventual” conflicto, nadie, salvo los votantes que le han permitido renovar mandato, piensa en los encendidos mítines de cierre de campaña, cuando Schröder-Fischer prometían que Alemania no mandaría tropas a Irak, o cuando se argumentaba una posible negociación para la retirada de las bases americanas del territorio. ¿Incumple el Gobierno un mandato de su pueblo?. Bien, el SPD se mantiene en el gobierno gracias a los votos de los expacifistas Verdes y, más en detalle, a los escaños de Alemania del Este, donde ha ganado votos de los antiguos comunistas orientales del PDS, monopolizando mediáticamente su mejor argumento: antimilitarismo, no a la guerra, no al vasallaje a Estados Unidos. Argumento que es analizado como “papanatismo pacifista”, “populismo antinorteamericano”, por la inmensa mayoría de la prensa. Por lo tanto, y más allá de un desesperado acaparamiento de votos indecisos cuando se va perdiendo, cuando Schröder cierra campaña diciendo que “la verdadera amistad con los aliados está en decirles cuando se está de acuerdo con ellos y cuando no”, sabe bien que despierta las conciencias y emociones de unos alemanes para los que el pacifismo no es solo una opción en tiempos de paz, sino una convicción firme en gran parte de la población, que aún lucha con su pasado, precisamente por tenerlo. A todos estos votantes, y a los demás, se les ha dicho también que “Alemania debe ahora hacer las paces con Estados Unidos” que implica, sólo por ahora, mostrar esa “disponibilidad” de futuro a mandar fuerzas de paz porque, además, “fuerzas de guerra” no lo hemos oído nunca. En realidad Alemania está ante un nuevo salto adelante en su historia; un salto en el que deberá liderar política y económicamente la Unión ampliada -y desde los primeros pasos de la Comunidad Económica Europea nadie dudaba que ese momento llegaría- y, por lo tanto, también, dirigirse en tanto tal a Estados Unidos, otrora federador de esa Unión. La credibilidad de Alemania como potencia pasa por la propia recuperación económica y no menos, según se les dice a los alemanes, por la adopción de una plena economía neoliberal, desregularizadora y de mercado. Lo que el candidato de la CDU/CSU Stoiber quiso hacer aparecer como un debate del momento, el de la pérdida de posiciones, la debacle económica y el paro, es un tema viejo, presente ya bajo el mandato del “canciller de la reunificación”, Helmut Kohl. Por lo tanto, esta estrategia de oposición le sirvió a Stoiber para ganar las elecciones durante toda la legislatura del SPD, pero se le quedó arcaica en las últimas semanas, cuando ya no había voto conservador por acaparar y el oportunismo de Schöder y Fischer inflamaba esperanzas ante unos programas económicos prácticamente iguales. E iguales, en campaña, significa también no creíbles. Como hace cuatro años, la Bolsa volvió a saludar con grandes bajas la victoria del SPD-Verdes. El gesto, que nadie ha calificado como antialemán, de que el presidente Bush de todos nosotros no enviase el telegrama de felicitación a Schröder parece ser, más que la marcha de la economía alemana, el determinante de tan dramático suceso bursátil. El canciller Schröder cuenta ahora con varios lobbies, ruidosos los económicos, silenciosos los militares, que ya hacen la “pax americana” por su cuenta. En efecto, las grandes compañías (Siemens, Bayer, BASF) son “lo más internacional”, no los soldados. De acuerdo con los datos de la Oficina Federal de Estadísticas, Alemania exporta bienes por valor de 67 millones de euros a los Estados Unidos, su segundo comprador mundial, que es también el mayor inversor en el país (más de 50 millones de euros en 2001). Por más que la participación de las compañías alemanas en el “petróleo por alimentos”, que ha dado muy buenos beneficios, no fuese la tercera vía para la crisis económica alemana, hay cada vez más empresas que no callan su gran interés en exportar a Irak productos prohibidos por el programa onusino. Es este tipo de presión la que contribuye a crear un estado de ánimo en el que la guerra aparece como la única, la mejor, solución posible. La política de los contactos empresa-tanques-gobierno es algo de lo que Alemania hace uso, en política nacional e internacional, desde los tiempos de Adenauer, que incluso contaba con una entidad, la Staatsbürgerliche Vereinigung -SV- para lavar el dinero que fluía de los industriales a los partidos. Más recientemente a esto se le ha llamado “sistema Kohl”, sobre todo tras el caso de las comisiones ilegales a la CDU destapadas hace dos años, que provocaron la desaparición de la escena política europea del excanciller. Los demócrata-cristianos de la CDU recibieron, siendo canciller Kohl, millones de marcos del empresario y traficante de armas Karlheinz Schreiber (representante de varios consorcios del armamento especializados en los tanques para misiones de pacificación). Poco después, el gobierno autorizó la exportación de armas a Arabia Saudí. La tesorera de la CDU en aquella legislatura, Brigitte Baumeinster, dijo haber conocido a Schreiber en un acto de una asociación para fomentar las relaciones transatlánticas entre Alemania y Estados Unidos. Alemania sigue siendo el primer exportador europeo, y recientemente, con permiso en segunda instancia de los Verdes, se ha autorizado la venta de tanques a Turquía. La Constitución alemana prohíbe la venta de armas a países que conculquen los Derechos Humanos, pero esto no ha resultado ser un obstáculo en ninguno de los dos casos. Lo anterior puede ser un ejemplo de que los fines del programa militar del gobierno SPD-Verdes (“Bundeswehr y Economía -Asociación Estratégica en la vía a un Estado Moderno”), publicado en la pasada legislatura, se apoyan ya en maquinarias tan tradicionales como poderosas. La estrategia del Ministerio de Defensa es una herencia más de la era Kohl, ya que fue originalmente elaborada poco después de la reunificación con los estados del Este, como parte de la reconciliación de los alemanes con el Ejército. De manera que todos estos años han legado al gobierno rojiverde, además de unos excelentes contactos con el consorcio militar privado, la forma de “integrar” en el Estado Moderno a parte de los cuatro millones de parados que dejó también el gobierno Kohl. El programa preveía “métodos modernos de management” y una estrecha cooperación entre el Bundeswehr (Ejército alemán) y los “Länder, departamentos, municipalidades y compañías privadas”, lo que unido al hecho de que se propone la casi asimilación del servicio médico civil con el militar, da una idea de que hacer “normal otra vez” a Alemania es tener preparada a la gente para la guerra otra vez, para la próxima guerra eventual. La estrategia se engloba, según su texto, en el contexto de la política estructural europea y la globalización de la economía, y resalta que el ejército es “un importante empleador que contribuye a solventar los problemas del mercado de trabajo”. Así que los soldados pueden ser reclutados por los servicios de empleo y quizá (como en España, donde también son una respuesta al paro) tener preferencia en la carrera funcionarial. Este trabajo a cualquier precio que, se supone asimismo, piden los votantes cuando el paro acecha, está pensado, especialmente, para los miles de jóvenes que no encuentran empleo tras terminar su formación. Por supuesto cuántos parados alemanes -en algunas zonas del Este el desempleo afecta al 22,4% de los activos- podrán “beneficiarse” del plan de gobierno es algo a decidir, coyuntural y estructuralmente, por esta especie de nuevas asociaciones del mercado militar, en realidad, pura y simplemente subordinación del aparato del Estado a los poderes monopolísticos. Pero si tenemos en cuenta que en el tratado 4+2 sobre la reunificación alemana (que no es tanto de la Historia remota como de 1990) la RFA fijó el número máximo de fuerzas en 370.000 soldados, pero el ministro de Defensa habló de 700.000 en caso de guerra, podemos hablar de un sector altamente “flexible”. Esta letra pequeña de los programas de los partidos, es la letra pequeña que escriben Alemania, su Gobierno y Europa, creyendo mantener encendida la locomotora frente al llamado imperialismo norteamericano. Y también nos recuerda algo: Alemania, los alemanes, son una cosa, su Gobierno otra; Estados Unidos, los americanos, una cosa, su Gobierno es lo que es; la Unión Europea es “otra cosa”, y Europa, como siempre, no se sabe. |
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Sylvia Gómez Saborido é investigadora do IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 06/10/2002
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