| El Plan Brzezinski y el 11-S Por Andrés Freire (Canal Mundo, 22/01/2002) |
|
En 1997 25 importantes miembros de la élite rectora de la política exterior americana establecía el Project for a New American Century (PNAC). En su carta de presentación volvían a ensalzar las claves ideológicas de la hegemonía americana durante el siglo XX: la promoción a lo largo del planeta de la democracia liberal-capitalista, y el mantenimiento del ejército americano como garante de la apertura comercial globalizada. Es decir, el wilsonismo, esa ideología que tan bien compagina las buenas intenciones (democracia) con los intereses (mercados). De ahí que la PNAC no sintiera rubor al proclamar que "American leadership is good for America and the world". Qué avance respecto a los 70' cuando Kissinger procuraba organizar el mundo en torno a un equilibrio de poderes entre las 5 grandes potencias (EEUU, CEE, URSS, China y Japón), equilibrio en el que los americanos jugarían el papel de "primus inter pares". O respecto a los 80' cuando Paul Kennedy advertía que los compromisos de seguridad adquiridos por Estados Unidos alrededor del globo llevaban todas las trazas de la sobreextensión imperial (imperial overstrech), la cual había provocado la decadencia y caída de las anteriores grandes potencias. Los 90´ en cambio fueron los años del desplome de la URSS, de la guerra de Irak, de la hemorragia yugoslava y de la "Nueva Economía". Años de esplendor y optimismo americano. "Somos la nación indispensable. Estamos más alto, y vemos más lejos en el futuro", afirmaba Madeleine Albright. Los firmantes del PNAC simplemente deseaban que se tomasen las medidas necesarias para asegurar que esa hegemonía se mantuviera también durante el siglo XXI. Muchos de ellos llegaron al poder con el advenimiento de la Administración Bush. Pero esta presidencia nacía lastrada por el déficit de legitimidad derivada de la discutida victoria en Florida (gobernada por Jeb Bush, miembro del PNAC). En esa situación, resultaba imposible llevar a cabo las reformas estructurales con las que pretendían impulsar aún más si cabe la hegemonía americana. El ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono fue para ellos un regalo llegado del cielo. El Presidente pasó a ser Comandante en Jefe, y el adversario político se convirtió en aliado objetivo del terrorismo. Las tornas cambiaron, y el viento empezó a soplar en su favor. Miren, por ejemplo, a Donald Rumsfeld, el secretario de la guerra (PNAC), hoy venerado como el viejo jovial, dinámico y decidido que todos soñamos con llegar a ser. Ha pocos meses, parecía un caso perdido, un ambicioso reformador estrellado contra la burocracia y los poderes existentes. Hoy avanza en el Pentágono sus planes de reestructuración y modernización. Entre ellos, dos proyectos prometeicos, propuestos por Rumsfeld en las comisiones senatoriales que presidió en los 90´: el paraguas anti-misiles, y llevar a la Air Force al espacio. Se sospecha además que el espacio, como América, pertenece a aquel que llega allí primero. El dominio sobre las fuentes y rutas energéticas es otra de las claves de la hegemonía americana. Así pues, el Big Oil, en este caso el consorcio UNOCAL, pretende sacar frutos de la guerra. Ha instalado a un antiguo empleado suyo como cabeza de gobierno en Afganistán, y Estados Unidos ha enviado como representante en la zona a Zalmay Khalilzad, antiguo lobbysta de UNOCAL (y miembro del PNAC). Lástima que los nativos, desagradecidos de las liberadoras bombas, no parezcan muy dispuestos a obedecer al nuevo presidente. Al menos, han comenzado a replantar opio, con lo que el flujo de heroína no será interrumpido. En Wall Street están agradecidos. Y eso que la guerra afgana es sólo una ganancia coyuntural dentro de un proyecto de mucho mayor calado, que ha recibido gran impulso gracias a la supuesta guerra contra el terrorismo. Nos referimos al Plan Brzezinski de Dominación Mundial, anunciado sin ningún tipo de pudor por el antiguo consejero de seguridad nacional de Carter en su libro El gran tablero mundial. Basten unas líneas para observar su tono: "...el alcance y la penetración del poder global estadounidense en la actualidad son únicos. Además de controlar todos los océanos y mares del mundo, los Estados Unidos han desarrollado una capacidad militar activa en el control anfibio de las costas que les permite proyectar su poder tierra adentro de maneras políticamente significativas. Sus legiones militares están firmemente asentados en las extremidades occidental y oriental de Eurasia y también controlan el golfo Pérsico. Los vasallos y tributarios (sic) de los Estados Unidos, algunos de los cuales ansían verse ligados a Washington por vínculos más formales, salpican el continente europeo en toda su extensión" (pag. 31) Mas esta actual superioridad no es suficiente para Zbignew Brzezinski y los discípulos suyos que hoy dominan los puestos rectores de la política exterior americana. Es más, su Plan ya había sido insinuado años antes por uno de ellos, Paul Wolfowitz (PNAC) en la primera versión del Defence Policy Planning del 92 en el que se afirmaba que Estados Unidos debía no sólo mantener sino incluso expandir su sistema de alianzas con el fin de "disuadir a potenciales competidores de intentar aspirar a un papel regional o global más importante". Para conseguir ese objetivo, los estados "vasallos" de Europa han de seguir divididos y militarmente dependientes de EEUU. Sirve de ayuda para ello el mantener sus fronteras en permanente ebullición. Por consiguiente no parece casual que no fueran las palomas sino los halcones quienes impulsaran el "humanitarismo" de la política americana en los Balcanes. Pero Europa es ya tierra conquistada. El paso siguiente es Rusia; hacia ella no guardan buenas intenciones Brzezinski y los suyos: mantenerla alejada de Europa Occidental, rodearla de países hostiles, impedir que recupere su esfera de influencia en lo que fue la URSS, y desviar de su territorio las rutas energéticas desde el Caspio. De ahí la expansión de la OTAN que, de salirse Brzezinski con la suya, alcanzará a Ucrania y Georgia. De ahí también el sobresalto de Brzezinski ante el acercamiento ruso-americano tras el 11 de septiembre. Evidentemente, el acercamiento no duró. A la ascendente China toca reducirla a potencia regional. Es más, a largo plazo el objetivo es "japonizarla". Para ello, se debe apoyar a sus vecinos hostiles, rodearla de bases militares, e instalar un clima de sospecha en la región emergente del planeta, donde ya se vive una segunda carrera nuclear. En el argot, se llama a esto "mantener pluralístico (i.e dividido) el entorno estratégico de Asia". La instalación de bases militares en Asia Central forma parte de esta estrategia americana. No sólo facilitan el dominio de los recursos energéticos del Caspio, sino que añaden nuevos peones americanos en el tablero de la región (Corea del Sur, Japón, Taiwan...). Rusia y China observan con suma preocupación esta ganancia derivada de la masacre del 11 de Septiembre. Ellos saben que los Estados Unidos están allí para quedarse. Ya están en construcción sus nuevos bastiones en la zona. No son pocos los que sospechan que la parte oculta del plan Brzezinski consiste en la "balcanización" del continente euroasiático. "Divide y vencerás" es la máxima de todo imperio. Para ello, nada sería mejor que hacer realidad el "Choque de Civilizaciones", anunciado por un íntimo amigo suyo, Samuel Huntington. ¿Quién sufriría "las sangrientas fronteras del Islam" (Huntington dixit)? Todos, menos aquel país que, aislado espléndidamente por dos océanos, puede permitirse el lujo de ver con tranquilidad cómo arde el mundo. Es claro que no todos los responsables políticos americanos comparten este megalómano proyecto, que en esencia consiste en que los Estados Unidos dirijan con férrea mano al mundo hacia el "Fin de la Historia" democrático, liberal y capitalista (sí, Fukuyama también pertenece al PNAC). Pero actualmente el grupo que así piensa copa los puestos de élite del complejo mediático-político-tecnoindustrial de Estados Unidos, y está dispuesto a aprovechar el momento. Lo verdaderamente paradógico de todo ello es que Brzezinski y los suyos sean considerados como ortodoxosos representantes de la Realpolitik, cuando, si bien se observa, su Plan de Dominación Mundial tiene mucho de renovación en clave posmoderna de la vieja utopía del Imperio Universal. De este tipo de sueños, uno se suele despertar entre escombros. |
|
Andrés Freire. |
|
ÚLTIMA REVISIÓN: 25/01/2002
|