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Montenegro: ¿quien maneja los hilos?
Por Gaby Hagmüller (Canal Mundo, 13/08/2002)
 
 

Hablando de los Balcanes, en estos días destaca un pequeño país, Montenegro, con una población de apenas 660.000 habitantes, que lleva varios años intentando alcanzar su plena independencia. Las esperanzas de quienes desean dar el espaldarazo final en su afán por la emancipación por vez primera después de haber perdido la independencia en 1918, fueron borradas, o por lo menos aplazadas, por el Acuerdo de Belgrado, firmado el 14 de marzo de este año. Este acuerdo establece una unión entre Serbia y Montenegro, sustituyendo a la antigua Federación Yugoslava y otorgando a las dos repúblicas una serie de instituciones comunes. Como consecuencia en gran medida de la firma de dicho acuerdo, se ha originado una profunda crisis que sigue sacudiendo la sociedad montenegrina. Pero hablando de los intereses dominantes, ¿quiénes son los dirigentes, que propuestas sugieren en la escena política montenegrina?

Por un lado, hay que mencionar el presidente montenegrino, Milo Djukanovic. Es la cabeza del gobernante “Partido Democrático de Socialistas” (DPS), formación independentista que se dejó presionar para firmar el Acuerdo de Belgrado, un pacto que conlleva ventajas e inconvenientes. Entre las ventajas se encuentra el reconocimiento exterior forzado por la aceptación de los principios dictados por la comunidad internacional durante las negociaciones sobre el futuro de las dos repúblicas balcánicas. Se reconoce la igualdad entre Montenegro y Serbia, y puede ser defendida ante cualquier foro internacional. A mayores, Montenegro se ha posicionado claramente para recibir más ayuda de la Unión Europea a fin de reforzar su capacidad institucional, su infraestructura y sus reformas económicas.

Asimismo, Djukanovic ha preservado la autonomía que Montenegro había alcanzado durante los últimos años y se ha ganado el reconocimiento de la Unión Europea del derecho de Montenegro para decidir libremente a largo plazo sobre su independencia. Aplazar la decisión tiene también alguna ventaja para Djukanovic, a sabiendas de la mayoría insegura del bloque independentista, y el resultado impredecible de un posible referéndum. Pero el aplazamiento de la consulta no es lo que ambiciona el bloque independentista, y para Djukanovic ello significó la pérdida del apoyo de muchos de sus representantes. Después de haberse comprometido tan enérgicamente a favor de la celebración de un referéndum en un futuro lo más próximo posible, la cesión bajo presión europea supone un debilitamiento de la credibilidad de Djukanovic.

Para los representantes del bloque independentista montenegrino, la firma del acuerdo supuso una decepción enorme. Tanto el partido pro-independentista más radical, el Partido Liberal (LSCG) como los pro-occidentales Socialdemócratas vieron en el acuerdo una traición a esa mayoría que, en las elecciones de abril del 2001, había votado por partidos pro-independentistas. Por eso, el LSCG retiró su apoyo al gobierno y formó una alianza tácita con la coalición pro serbia “Juntos por Yugoslavia”. El resultado fue la dimisión del primer ministro Vujanovic el pasado 19 de abril, y aunque contaban con el apoyo de Bruselas las negociaciones para la formación de un nuevo gobierno dentro del bloque independentista fracasaron. El sentimiento de controversia entre el LSCG y el DPS desde la firma del Acuerdo de Belgrado hace difícil imaginar una alianza efectiva entre las dos partes, ahora opuestas.

Los partidos pro-yugoslavos de Montenegro dieron la bienvenida al Acuerdo de Belgrado, viéndolo como una derrota de Djukanovic y los independentistas, de la que esperaban beneficiarse políticamente. La coalición opositora “Juntos por Yugoslavia” se vio enseguida reforzada por la retirada del apoyo del LSCG al gobierno, formando una alianza que ahora ostenta la mayoría parlamentaria.

En cuanto a la Comunidad Internacional, como actor principal destaca la Unión Europea, representada por el alto representante de la política exterior, Javier Solana. Los intereses europeos siempre se mantuvieron claramente a favor del mantenimiento de la federación yugoslava, rechazando una independencia montenegrina, para detener así la tendencia a la fragmentación en nuevos Estados en el mapa de los Balcanes. Para lograr este objetivo, se presionó a los líderes montenegrinos – con métodos como la amenaza con el cierre de puertas a la futura integración en Europa – para firmar el Acuerdo.

A parte de la Unión Europea, en lo que se refiere a la Comunidad Internacional, no hay ningún actor de mayor relevancia, ya que los Estados Unidos actuaron de un modo intranscendente en este asunto. En un comunicado de prensa del gobierno estadounidense, aún a sabiendas de que algunos sectores de la sociedad civil internacional se inclinan por la independencia montenegrina como la alternativa más beneficiosa para solucionar los problemas políticos, la administración estadounidense no se opone al Acuerdo llevado a cabo bajo los auspicios de la Unión Europea, dado que la estabilidad de los Balcanes supone un asunto de mayor importancia para Washington.

En la actualidad, el Acuerdo de Belgrado está siendo negociado por Comisiones Constitucionales de las dos repúblicas balcánicas, para interpretar los asuntos claves del acuerdo y preparar la elaboración de la nueva constitución. En Montenegro, esta Comisión está compuesta por representantes de todos los partidos parlamentarios, lo que supone negociaciones muy difíciles, habida cuenta del distanciamiento existente entre algunas posiciones. El bloque independentista quiere alcanzar una interpretación lo más superficial posible, manteniendo las propias instituciones, el sistema económico y monetario, mientras que los representantes pro-yugoslavos procuran una auténtica federación con Serbia. La dificultad en las negociaciones abarca no solo al acuerdo entre el borrador montenegrino y el serbio, sino también a la necesidad de poner de acuerdo todas las posturas encontradas dentro del escenario montenegrino. Ahora toca comprobar la aplicabilidad del “virtuoso golpe diplomático”, impulsado por la Unión Europea.

 
 

Gaby Hagmüller é estudiante en prácticas no IGADI.

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