| Macedonia: ¿un cambio a la vista? Por Gaby Hagmüller (Canal Mundo, 03/09/2002) |
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El hecho de que al restaurar el puente de Vardar – el puente más viejo de Skopje – se produjeran daños graves, preocupa mucho a los macedonios. Las elecciones parlamentarias que están próximas, sólo les importa de forma marginal. Y eso pese a que Macedonia está ante un cambio de gobierno – por lo menos eso es lo que indican las encuestas. Según el sondeo más reciente del Instituto Internacional Republicano (IRI) estadounidense, un 30 por ciento de la población con derecho a voto tiene la intención de votar el próximo 15 de septiembre por la coalición de liberales de izquierda “Juntos por Macedonia”, encabezada por el ex-Primer ministro Branco Crvenkovski. La gobernante coalición conservadora-liberal, según los sondeos, obtendría sólo un nueve por ciento de los votos. En la actualidad, en Macedonia gobierna una alianza de tres partidos, tanto macedonios como albaneses: El Partido Democrático de la Unidad Nacional Macedonia (VMRO-DPMNE), el Partido Liberal de Macedonia (LPM) y el Partido Democrático Albanés (DPA). El partido albanés, el DPA, tiene un vínculo sorprendentemente fuerte con sus socios gobernantes, habida cuenta que el líder del partido, Arben Xhaferi, es un antiguo miembro de asociaciones secretas de albaneses nacionalistas e ideólogo de una “Gran Albania”. Sin embargo, los dos partidos dominantes son los macedonios, que se encuentran en un dilema. Sus éxitos económicos son modestos, pero manejaron bien la crisis existencial del año pasado, cuando terroristas del Ejército de Liberación Nacional (ELN) del Kosovo se aprovecharon de la “distancia étnica” entre macedonios y albaneses para provocar meses de luchas en el Norte de Macedonia, lo que casi llevó a una guerra civil. El gobierno acabó con la guerra “importada” con una doble estrategia, militar y civil, que evitó una escalada belicista de las tensiones interétnicas en el próximo futuro. El secreto de este éxito radica en el “Acuerdo marco de Ohrid”, firmado en agosto de 2001, que pretende regular en detalle una vida común de los macedonios y la minoría étnica albanesa. El gobierno hizo una serie de esfuerzos para implementar el Acuerdo Marco, para defender los derechos de las minorías y llegó incluso a recomendar el Acuerdo de Ohrid como modelo para la solución de problemas con minorías a sus vecinos balcánicos. Sin embargo, en cuanto a la política interior de Macedonia, estos logros no serán suficientes para ganar las elecciones. La población macedonia, poco a poco, se está olvidando de la crisis del año pasado, pero no se olvidarán de su situación económica desfavorable: altas cifras de desempleo con tendencia a aumentar, reformas estancadas, escasas inversiones extranjeras, etc. El competidor más grande de la coalición gobernante es la alianza “Juntos por Macedonia”, formada por la Unión Socialdemócrata de Macedonia (SDSM), con su líder Branco Crvenkovski, y ocho otros partidos. Entre estos socios se encuentran grupúsculos insignificantes, pero también agrupaciones étnicas interesantes, como el Partido Demócrata Serbio. El modelo de esta alianza parece ser el ejemplo de la “Oposición Demócrata Serbia” (DOS), una coalición de originalmente 19 partidos. Pero existen dudas respecto a si este modelo es aplicable tan fácilmente a Macedonia, porque seguramente la SDSM hubiera podido realizar sus planes sola, y mejor. Las tres estrategias de la campaña electoral de la Unión Socialdemócrata fueron presentadas por primera vez el pasado 25 de julio. En concreto, se trata de: 1. paz y seguridad; 2. actuación contra la criminalidad y la corrupción; 3. actuación contra el desempleo, creación de empleo, disminución de la pobreza. En otras palabras, la coalición gobernante puede hacer gala de sus éxitos de política de seguridad –que posiblemente ya no surten efecto– mientras que el competidor apuesta por estrategias razonables para el desarrollo interno, por lo que el elector puede preguntarse por qué no aplicaron dichas estrategias cuando estaban en el poder. Las dos coaliciones pretenden difundir sus programas, y ya llevan meses haciéndolo, lo que según la “Ley de elección de diputados” no está permitido, dado que la campaña electoral se permite sólo en los 30 días anteriores a la elección. La mayor incógnita en el bloque albanés es la Unión Democrática por la Integración (UDI), formada y encabezada por el antiguo líder del ELN, Ali Ahmeti. El número de miembros, la estructura del partido, así como sus fuentes financieras son datos impenetrables, también para la OSCE, a quién le aseguró Ahmeti, que procuraba una campaña constructiva y sin violencia contra la criminalidad y a favor del Acuerdo de Ohrid. A este movimiento, fundado el pasado 5 de junio, se sumaron algunos miembros de los principales partidos parlamentarios albaneses. La nueva formación tiene bastantes posibilidades de hacerse con la mayoría de los votos albaneses. Pero la semana pasada las autoridades de Skopje anunciaron un plan para detener al ex líder de la disuelta guerrilla albanesa por supuestos crímenes de guerra y genocidio. El portavoz del Ministerio del Interior, Vojislav Zafirovski, declaró que en junio se había emitido una orden judicial de captura de Ahmeti 'por genocidio y crímenes de guerra contra civiles'. Sin embargo, un cambio de gobierno probablemente no significará el fin del abismo entre macedonios y albaneses. Siendo los macedonios, con dos tercios, la mayoría de la población de la pequeña república balcánica de aproximadamente dos millones de habitantes, las dos comunidades étnicas están testarudamente separadas en mundos paralelos, pese a los progresos advertidos en la solución de la crisis política del país. Existe un consenso sobre el Acuerdo Marco de Ohrid, al igual que sobre la cooperación entre partidos macedonios y albaneses. Los adversarios no son los bloques étnicos, sino más bien los dos bloques de partidos, que ambos incluyen partidos tanto macedonios como albaneses. El problema es la escasez de personajes que gocen de prestigio y autoridad en los dos bloques políticos y étnicos. En resumen, se produzca o no un cambio de gobierno, no cabe esperar cambios significativos en cuanto a la mejora de las relaciones entre macedonios y albaneses, la situación económica o la lucha contra la criminalidad y la corrupción. Por lo tanto, no es de extrañar que a los macedonios les importe más los daños causados al puente más viejo de Skopje... |
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Gaby Hagmüller é estudiante en prácticas no IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 04/09/2002
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