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Djukanovic: súplica por una bocanada de aire fresco
Por Gaby Hagmüller (Canal Mundo, 27/08/2002)
 
 

El pasado martes, 20 de agosto fue publicado en el periódico estadounidense Washington Post un artículo con el título “Balkan Betrayal” (traición en los Balcanes), acusando a una oposición parlamentaria antireformista y antidemócrata de poner en peligro el proceso de democratización, el desarrollo de los derechos humanos, la libertad de prensa y la representación de grupos minoritarios en el sistema legislativo montenegrino. Asimismo el artículo deja vislumbrar la existencia de ciertos círculos políticos en Bruselas, que prestan su apoyo a dicha coalición antireformista y procuran interpretar el Acuerdo de Belgrado, firmado el pasado 14 de marzo (estableciendo una unión entre Serbia y Montenegro con una serie de instituciones comunes), de una forma muy conveniente a los intereses europeos y pro-yugoslavos. Finalmente, el artículo va dirigido directamente a Washington con el fin de instar una implicación directa e imparcial, para evitar una mayor desestabilización de Montenegro y la extensión de la crisis. El autor del artículo es nada menos que Milo Djukanovic, el presidente de Montenegro.

¿Porqué el presidente de un país, cuyo escenario político está marcado por el choque de intereses independentistas, pro-yugoslavos, europeos e individualistas, (como el mantenimiento del poder) y dominado por las maniobras políticas de todos estos estrategas, porqué este presidente se dirige a Washington para pedir la intervención norteamericana en un asunto en el que –hasta ahora– la superpotencia omnipresente destacó sobre todo por su actuación de modo intranscendente? ¿Qué significa ese llamamiento para una Unión Europea que, después de hacer un esfuerzo sin igual y apuntarse un éxito en política exterior al arreglar el asunto yugoslavo, Djukanovic se dirige al mediador de siempre, con un grito de socorro para que la administración estadounidense aminore los daños ocasionados por el hipotético fracaso europeo? ¿Y qué cabe esperar de los dirigentes en la Casa Blanca?

En primer lugar importa mencionar que a Djukanovic, desde la firma del Acuerdo de Belgrado el pasado 14 de marzo, los acontecimientos se le están escapando de su ámbito de influencia. Siendo Djukanovic la cabeza del mayor partido independentista, el Partido Demócrata de Socialistas (DPS), la firma del Acuerdo no ha sido del todo en interés de su vasallaje, porque supone formalmente un aplazamiento del referéndum para alcanzar la independencia de al menos 3 años. En realidad, ante la implicación de Bruselas y la amenaza con el cierre de puertas a la futura integración en Europa, la postura de Djukanovic ya no puede ser considerada como independentista, dado que su objetivo principal es mantener el reconocimiento y las ayudas internacionales y capitanear la embarcación montenegrina hacia el puerto franco de Bruselas. Pero la firma del Acuerdo le hizo perder el apoyo del Partido Liberal, el partido pro-independentista más radical, y asimismo la mayoría parlamentaria de su coalición. La coalición del Partido Liberal, primero tácita, desde el 23 de agosto oficial, con la coalición pro serbia “Juntos por Yugoslavia” le deja maniatado, socavando la esperanza de contar con el apoyo de los Liberales una vez que se hayan calmado los ánimos, después de los comicios parlamentarios del próximo 6 de octubre. Si las elecciones depararan un éxito para la coalición opositora, cuyo objetivo principal parece ser arrancarle el poder a Djukanovic, se encontraría en una situación parecida a la “cohabitation” francesa, con un presidente formalmente sin poder e influencia. Sin embargo le queda otro rayo de esperanza: las elecciones municipales realizadas el pasado 15 de mayo mostraron una subida ligera del apoyo a las fuerzas del entorno de Djukanovic. Si este éxito refleja una tendencia de cara a las elecciones parlamentarias, cabría la posibilidad de mantenerse al mando mediante una coalición con los Socialdemócratas y la representación albanesa.

En lo que se refiere a la Unión Europea, sus intereses parecen ser ambiguos. De un lado se procura alcanzar una solución rápida y limpia del problema en los Balcanes, frenando la tendencia de fragmentación en nuevos Estados en el mapa de los Balcanes y evitando un efecto dominó internacionalizador. Por eso, el entorno de Javier Solana está hostigando el proceso de interpretación del Acuerdo de Belgrado y la preparación de la elaboración de la nueva constitución de la Unión entre Serbia y Montenegro. El dilema de Djukanovic entre aspiraciones independentistas o acariciar una futura integración europea puede convertirle en un actor desagradable, pero habida cuenta del vasallaje socialista de Slobodan Milosevic que sigue llevando la voz cantante en la coalición pro serbia “Juntos por Yugoslavia” por un lado, y los insurrectos radicales del Partido Liberal pro-independentista, Djukanovic representa la única alternativa justificable, el mal menor. En este sentido, el apoyo económico de la Unión Europea Djukanovic lo tiene prácticamente garantizado, y el reclamo del presidente montenegrino parece redundante.

En cuanto a la Casa Blanca, no cabe esperar ninguna actuación relevante ante la petición de auxilio del presidente Djukanovic. La administración estadounidense no mostró su oposición al Acuerdo llevado a cabo bajo los auspicios de la Unión Europea, dado que la estabilidad de los Balcanes supone un asunto de mayor importancia para Washington. Si bien las relaciones entre Washington y Bruselas carecen de afinidad en varios asuntos de la agenda internacional, véase conflictos del próximo oriente, la Cumbre de la Tierra o la planeada guerra contra el Irak, como tantos otros, impulsar una campaña contra los enemigos políticos de Djukanovic significaría abrir una nueva brecha con la Unión Europea, y ello no ayudaría precisamente a mejorar las relaciones bilaterales. Además, Washington nunca ha mantenido relaciones suficientemente intensas con Montenegro, como para implicarse ahora en un acto diplomático imprudente.

Con la firma del Acuerdo de Belgrado, Montenegro probablemente se ha apartado del camino que le conducía a su independencia. Ahora, ante la presión europea y su doble cebo de ayudas económicas y la promesa de una futura integración, cambiar el rumbo es prácticamente imposible para un país cuya viabilidad sería cuestionable sin ayudas exteriores. En octubre le toca a la población de la pequeña república balcánica expresar su opinión y hacer valer su autoridad en cuanto al reparto de poderes. Después se verá en que dirección vira el viento político de Montenegro...

 
 

Gaby Hagmüller é estudiante en prácticas no IGADI.

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