| Austria: Rechazo de valores xenófobos y radicales Por Gaby Hagmüller (Canal Mundo, 03/12/2002) |
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Las elecciones parlamentarias en Austria del pasado domingo significaban una victoria aplastante para el gobernador Partido Popular (ÖVP) y su canciller Wolfgang Schüssel. Con un 42,3 por ciento de los votos – avances de más que 15 por cien – el partido adelantó al Partido Socialdemócrata (SPÖ) por primera vez desde 1966. En cambio, para su socio en la coalición, el Partido Liberal (FPÖ) de Jörg Haider cuya participación en el gobierno causó varias protestas y sanciones de los líderes europeos, las elecciones anticipadas suponían la mayor derrota desde la toma de la dirección del partido por Jörg Haider en 1986. La razón para la anticipación en las elecciones – originalmente previstas para octubre del 2003 – fueron una serie de disputas entre el bloque liberal del FPÖ, y los vasallos de Jörg Haider de extrema derecha, que llevó a la dimisión de varios ministros perteneciendo al bloque liberal – entre ellos la vice-cancillera Susanne Riess-Passer y el ministro de hacienda Karl-Heinz Grasser. Pero Schüssel no aceptaba el cambio de 4 ministros y por lo tanto decidió la realización de elecciones anticipadas. El jefe del ÖVP, que se hizo canciller en las últimas elecciones a pesar de que su partido sólo llegó a ser tercero, es conocido por sus capacidades estratégicas y sabía aprovecharse de en buena manera de los conflictos dentro del FPÖ. Para atraer a los votantes liberales, el canciller llegó incluso a hacerse con el popular ministro de hacienda del Partido Liberal, Karl-Heinz Grasser. Este, tras los enfrentamientos con el antiguo jefe del partido y actual presidente del parlamento federal de Carintia, Haider, aceptó entrar en el nuevo gobierno como ministro independiente. Hay varias causas que pueden explicar este resultado, tanto como una serie de conclusiones que se pueden sacar de él. En primer lugar destaca el gran(elevado) número de votantes, que en estas elecciones votaron a un partido distinto al que votaron en las últimas elecciones, algo muy atípico en Austria, el país de los bloques y los votantes fijos. Mientrás que en los años anteriores el FPÖ atraía muchos votantes descontentos con la eterna coalición de SPÖ y ÖVP y tuvo su mayor éxito en 1999 con un 26,9 por ciento de los votos, este año le quedaron sólo unos cuantos votantes fijos (10,2 por ciento), y de los votantes que huyeron a otro partido, casi el cien por cien decidió votar por el ÖVP. Sorprendente fue la derrota del SPÖ, que a pesar de los ligeros avances quedó en segunda posición. Las razones de este resultado son varias: la falta de popularidad del candidato principal Alfred Gusenbauer, escasos temas de profundidad en la campaña electoral, la antigua imagen de creador de altas deudas estatales, y sobre todo el “espectro rojo-verde” (la coalición entre Socialdemócratas y Verdes) en el gran vecino Alemania. Altas tasas de desempleo, un presupuesto altamente deficitario y datos coyunturales malos en el país vecino no surtieron efecto en la pequeña república de las Alpes, teniendo en cuenta que el SPÖ había anunciado la formación de una coalición de gobierno con los Verdes en caso de una mayoría suficiente. Los Verdes fueron los grandes perdedores, pese a los ligeros avances que les llevaron al mejor resultado desde su historia (el 9 por cien de los votos), no consiguieron cumplir con ninguno de sus objetivos principales:, adelantar al FPÖ en el número de votos obtenidos, obtener la mayoría parlamentaria junto con los Socialdemócratas y evitar la mayoría de ÖVP y FPÖ. Estas esperanzas tan optimistas eran debidas a varias encuestas electorales, que les pronosticaron un 15 por cien de los votos, pero la desconfianza de gran parte de la población en las capacidades para gobernar de los Verdes parece haber sido mayor que esperado. Ahora, tras las elecciones, la gran incógnita en el parlamento austriaco será el futuro socio del ÖVP en la formación de un gobierno. Parece que el único partido en disposición de gobernar con Wolfgang Schüssel será – otra vez – el FPÖ, pero sólo con la condición de que el disidente Grasser no pertenezca al equipo gobernante. El problema no es únicamente la persona del ministro liberal; tras la dimisión de todos los ministros del bloque liberal (que por cierto fueron amenazados con la expulsión del partido por su traición a los intereses del partido) casi sólo quedan vasallos fieles de Haider y su política antieuropeista, algo que no es en absoluto en los intereses del pro-europeo Schüssel. Los Socialdemócratas, en cambio, habían anunciado quedarse en la oposición en caso de perder su primer posición, y los Verdes tienen pocos intereses en común con el ÖVP. Independiente de la futura coalición de gobierno en Austria, hay una conclusión importante, que se puede sacar después de las elecciones anticipadas: tras los tumultos de las elecciones anteriores sobre el supuesto cambio de mentalidad de la población austríaca en un pueblo xenófobo y antieuropeo, este resultado es un claro rechazo de los valores radicales y nacionalistas del FPÖ, tal como una aprobación de los valores europeístas. Tanto como las elecciones democráticas y legítimas le hicieron el segundo partido al FPÖ en 1999 y le dieron la posibilidad de comprobar su capacidad de gobernar, tras su fracaso fue la democracia, que le quitó el poder de forma legítima, y no la intervención de líderes europeos en la soberanía de un país miembro de la Unión Europea. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 05/12/2002
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