| Presencia-Opinión |
| ¿El último final de Yugoslavia? Por Xulio Ríos (Noticias Obreras, abril/2002) |
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Puede decirse que oficialmente dejó de existir el pasado 14 de marzo de 2002. Una Unión de dos Estados, Serbia y Montenegro, ha reemplazado a la Federación Yugoslava, a su vez sucesora de la Yugoslavia titísta. La nueva Unión dispondrá de un número limitado de órganos comunes (un Presidente y un Consejo de Ministros). El acuerdo, fruto de un largo proceso de negociación, fue firmado en la villa “Gorica”, en Belgrado, por el Presidente federal, Vojislav Kostunica, el Presidente montenegrino, Milo Djukanovic, y el responsable de la política exterior europea, Javier Solana. El acuerdo encauza una larga crisis. La inexistencia de una solución a la cuestión estatal bloqueaba las políticas de reforma que los gobiernos de Belggrado y Podgorica querían emprender. ¿Pero resuelve definitivamente el contencioso bilateral?. Para Javier Solana, sitúa a los dos países en la dirección correcta, es decir, en la búsqueda de fórmulas de convivencia común que eviten una ruptura traumática y violenta. En efecto, el acuerdo establece un período probatorio de tres años en el que los dos Estados asociados (en realidad, Montenegro) analizarán la posibilidad de proseguir juntos o no, abriendo igualmente la puerta a la posibilidad de celebrar un referéndum de autodeterminación. Pero sobre todo, crea un marco idóneo y mutuamente aceptado para intentar resolver el problema por medios que excluyen una repetición de las confrontaciones armadas que en un pasado no tan lejano han sacudido los Balcanes y la conciencia europea y mundial. En Montenegro, los optimistas resaltan el hecho de que oficialmente el país se reconoce por primera vez desde 1918 como un actor internacional. Los independentistas, por el contrario, lo rechazan por retrasar el referéndum y la consiguiente proclamación secesionista al menos tres años pero que en opinión de algunos puede significar mucho más tiempo. Milo Djukanovic debe convencer ahora a sus principales aliados, el Partido Social Demócrata (SDP) y la Alianza Liberal (LSCG) de las bondades del compromiso, resaltando la circunstancia de la participación de Solana como alto representante de la Unión Europea, quien garantiza que después del trienio experimental, el referéndum pueda organizarse y sus resultados serán plenamente reconocidos por Bruselas. En una rueda de prensa posterior a la firma Djukanovic anunció que el diálogo con los serbios de Belgrado no se traducirá en Montenegro, al menos por el momento, en diálogo con las fuerzas políticas de los serbios locales. Algunas voces han reclamado ya elecciones anticipadas. Las espadas permanecían en alto desde hace meses. El cariz de algunas discusiones sobre la cuestión de la sucesión en las propiedades de Serbia en Montenegro presagiaban no pocas tensiones. Especialmente en lo que se refiere al Ejército yugoslavo, con numerosos cuarteles en el país (Podgorica, Niksic, Cetinje, Bar, Zabljak y otras localidades montenegrinas), o las infraestructuras portuarias y marítimas, incluída la flota de la Armada, resultabarían, en opinión de algunos observadores, dificiles de dividir. Sin embargo, según el profesor Ljubomir Madzar, economista de Belgrado y rector de la Universidad privada “Braca Karic”, no debería haber tanto problema pues nadie puede tener interés real en estas viejas instalaciones; los montenegrinos, matiza, sienten una profunda aversión por todo aquello que guarde relación con el Ejército yugoslavo, su equipamiento o su tecnología”. Asegura Madzar que las discusiones sobre la sucesión fueron un pretexto para argumentar la inconveniencia de la secesión montenegrina por el momento y quizás para siempre, porque así se ha decidido en Bruselas e impuesto a Djukanovic. El Presidente de Montenegro ha justificado su firma en el acuerdo por cuatro razones: en primer lugar, por no estar convencido de obtener en este momento una mayoría suficiente de respaldo para su proyecto nacional. Conviene tener en cuenta que gobierna sin mayoría absoluta en el Parlamento y que en esas condiciones “resultaría extremadamente irresponsable especular con los eventuales resultados desfavorables de un referéndum”, según se recogía en Vijesti el pasado 15 de marzo. En segundo lugar, por la confusión política existente en el bloque independentista y en sus relaciones con los adversarios de la independencia que han dado la impresión de estar dispuestos a desestabilizar de nuevo la región, evidenciando la incapacidad actual para resolver la cuestión sin conflicto: “Quien desee acelerar el curso de la historia en los Balcanes a cualquier precio y por su desacuerdo con una moratoria pactada de tres años, no puede tener un lugar en la política montenegrina”, sentenciaba a Vijesti. En tercer lugar, para conservar todo lo que han conseguido hasta el momento. En este sentido, en el trienio que ahora se inicia invierte las prioridades. El referéndum, según Djukanovic, será la culminación de la restauración del Estado montenegrino, culminando el proceso en dos tiempos. En los próximos tres años, según la lectura del acuerdo en Podgorica, se dedicarán a restablecer todos los simbolos y actuaciones de un Estado que desde 1918 nunca había estado tn cerca de serlo plenamente. La consulta popular es una de las vías para acceder a la independencia, pero el compromiso, asegura el líder montenegrino, sitúa a Montenegro en una dinámica de construcción estatal irreversible, sin riesgos externos ni aventuras internas de difícil pronóstico. En cuarto lugar, la inexistencia de seguridad en cuanto a obtener el reconocimiento internacional si el referéndum se organizaba en Mayo, como estaba inicialmente previsto, aislando a Montenegro y perjudicar a los 650.000 habitantes del país y el proceso de reformas. En suma, con este acuerdo, asegura Djukanovic, Montenegro ha conservado su derecho a dirigir el país en todos los órdenes porque seguirá controlando los principales mecanismos para proseguir su política económica (como la moneda, el euro), pero asegurando también su proyección exterior, al participar directamente en el trabajo de los organismos internacionales, en condiciones prácticamente idénticas a Serbia, con representación paritaria y rotatoria. El acuerdo, además, paradójicamente, supone un duro revés para quienes fueron los principales aliados de las tesis comunitarias y de Belgrado a favor del sostenimiento de la Federación, el Partido Socialista Popular (SNP) de Montenegro, liderado por Prerag Bulatovic, oposición en Podgorica y hasta ahora gobierno en Belgrado debido a la cooptación ejercida en tiempos de Milosevic para participar en el ejecutivo federal en lugar de la formación de Djukanovic, la más legitimada para representar al país pero que ya entonces demandaba la independencia y se negaba a participar en las estructuras federales. Numerosos altos cargos de esa Yugoslavia fantasma son de origen montenegrino, todos políticamente próximos al SNP, como el actual ministro de Defensa, Velir Radojevic, que durante los bombardeos de la OTAN alquilaba su apartamento en Podgorica al mando americano, según denunció la diputada Beba Dzakovic. Estos serán los grandes perdedores del acuerdo. Por otra parte, en las últimas semanas el Parlamento de Macedonia aprobaba una ley de amnistía destinada a sustentar y reforzar el plan de paz que puso fin a los enfrentamientos armados del pasado año entre fuerzas macedonias y los rebeldes albaneses. La propuesta sometida al Parlamento estaba avalada por las principales fuerzas políticas del país. La senda de normalidad y convivencia con la minoría albanesa garantiza además una autonomía local que incluye el derecho al uso de su propio idioma en el ámbito educativo, cuestiones que, en buena medida, habían exacerbado las tensiones y propiciado los argumentos para el conflicto. Mientras Milosevic comparece en La Haya y se organiza la busca y captura de Karadzic y Mladic, también en Kosovo parece dibujarse un horizonte de mínima estabilidad política, ausente desde el triunfo de Rugova en las elecciones celebradas en el pasado noviembre. Después de más de tres meses de negociaciones, se ha logrado configurar un Gobierno con la participación de todos los partidos (salvo la Coalición para el Retorno de la minoría serbia), sancionado por un Parlamento que ha elegido a Ibrahim Rugova como presidente y a Bajram Rexhepi como primer ministro, del partido del ex-guerrillero Hasim Taci. El acuerdo entre Serbia y Montenegro tiene su propia lectura en Pristina: la soñada independencia se aleja un poco más y también aquí probablemente se abre un trienio de reflexión para buscar fórmulas de convivencia integrada con Serbia. La diplomacia comunitaria e internacional ha logrado institucionalizar en la región marcos de diálogo político impensables hace solo unos meses, situando las tensiones en una dinámica que apuesta por la conviencia multiénica y democrática y aleja las perspectivas de nuevos enfrentamientos armados que sin embargo, están aún muy presentes en la geografía física y humana de los Balcanes. Los acuerdos de las últimas semanas suponen un fuerte impulso a la estabilidad en la zona que no obstante, como señalaba recientemente Michael Steiner, administrador de la ONU para Kosovo, presenta aún importantes vacíos y peligros que en cualquier momento pueden generar crisis políticas lo suficientemente serias como para resucitar el clima de inseguridad, miedo y violencia del pasado. La buena evolución de los últimos tiempos no debe hacernos olvidar la subsistencia de enormes problemas sociales y una cultura militarizada en toda la región que exige traspasar la frontera superficial y mediática para actuar permanentemente consolidando las esperanzas de bienestar y paz de la población. |
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Xulio Ríos es director del IGADI. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 16/03/2002
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