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Regreso a las bombas humanitarias
Por Andrés Freire (Canal Mundo, 03/09/2002)
 
 

Curiosa, curiosa guerra la de Kosovo, esa campaña militar iniciada por políticos progres y aplaudida por el pacifismo. Hace un par de semanas reapareció del silencio que la encubre con una serie de reportajes en El País, un periódico caracterizado por una serbofobia rayana en lo patológico. Los artículos de José Comas continúan con esa tradición.

El más llamativo de ellos, a mi entender, es el titulado “Zanka y Mila, víctimas de Milosevic y de la OTAN”. Trata el artículo del famoso bombardeo del 23 de abril de 1999 sobre la sede de la Radio Televisión Serbia (RTS) en el que murieron 16 personas. “Un crimen de guerra, cometido al alimón por ambos bandos”. La OTAN, que envió los aviones. Los serbios, que no evacuaron el edificio a pesar de que sabían que iba a ser atacado. “Es la opinión de todos,” dicen algunos familiares “pero no tenemos pruebas materiales'. “Sólo murieron técnicos, no periodistas ni directivos”, añade insidiosamente Comas. Será que en PRISA, son Polanco y Cebrián quienes trabajan a las dos de la mañana, hora del ataque.

Fue Carla del Ponte, la presuntuosa fiscal del tribunal para la exYugoslavia (TPIY), quien más tarde sorprendió en Belgrado explicando que la OTAN había avisado del ataque. Las pruebas que entonces prometió no han aparecido. Lord Robertson, secretario general de la OTAN, ha explicado que habían advertido a los yugoslavos de que debían abandonar los edificios susceptibles de ser atacados. Lo cual, en román paladino, significa que no llamaran para avisar (algo que hacen israelitas y terroristas).

Y es cierto que había rumores de ataque en Belgrado, pero Comas no precisa las razones. El 12 de abril, una misión de la OTAN partió hacia la sede de la RTS. Cuando sólo faltaba media hora para el ataque, cuando algunos corresponsales occidentales estaban empaquetando sus cosas sigilosamente, un país, Francia –según Human Rights Watch-, consiguió que se abortase. Al final, fue Estados Unidos quien, sin avisar a los aliados, decidió el ataque.

Pero en esa guerra tan curiosa, tan humanitaria, los que reciben bombas son más culpables que los que las envían. Y así, el director de la RTS ha sido condenado a 10 años de cárcel por “inadecuada protección” del edificio, al tiempo que Cruella del Ponte no ha encontrado pruebas para encausar a la OTAN por crímenes de guerra. Jamie Shea, el portavoz de la Alianza, fue muy sincero al respecto: “¿Cómo nos van a acusar a nosotros, que somos los que pagamos el tribunal?”.

A todo esto, el ataque fue justificado porque la RTS no transmitía información, sino propaganda. Nuestra clase política nos explicó que los serbios habían exterminado a decenas de miles de albaneses, a 100.000, quizás 500 mil. La acusación a Milosevic en el TPIY lo hace responsable de la muerte, durante la insurrección albanesa, de... 900 personas. Prefiero no hacer comentarios.

 
 

Andrés Freire é colaborador do IGADI.

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ÚLTIMA REVISIÓN: 04/09/2002