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¿España al G-8?
Por Andrés Freire (Canal Mundo, 06/08/2002)
 
 

Uno de los problemas que encuentra la comunidad internacional desde la caída del muro de Berlín es el de hallar un espacio común que permita a las grandes potencias discutir la gobernabilidad del planeta. El lugar natural, que es el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, está bloqueado por el derecho a veto de los cinco vencedores de la segunda guerra mundial (uno se siente incómodo al mencionar a Francia entre ellos) y la extemporalidad de su membresía. La Asamblea General de la ONU, con un número creciente de países y un voto por estado, no es un organismo con capacidad de tomar medidas razonables. Por ello, el G-7, luego G-8 tras la entrada de Rusia, se ha convertido con el tiempo en un directorio informal del mundo.

Las primeras menciones a la posibilidad de que España entrara en ese foro se escucharon en las voces de periodistas adictos al régimen e inclinados al patrioterismo. Parecía tan fuera de lugar que aguardábamos a que esos comentarios sólo fueran seguidos por un respetuoso silencio. Sin embargo, el tiempo ha aumentado el número de esas voces, y el propio Presidente Aznar insinuó esa posibilidad en su visita al G-8 a Canadá.

El argumento que se aduce gira en torno al fetichismo de una cifra, el PIB contado en dólares. Sólo ese número permite contar a España entre los países más importantes del mundo. Pues si miramos, por ejemplo, el tradicional poder de la demografía, nos superan muchos países en Europa. Fuera de ella, los 40 millones de españoles representan una cifra ridícula. Y quien dice población, dice también capacidad tecnológica y militar, e importancia estratégica. Para la gobernabilidad del mundo, son mucho más necesarios que España países como México y Brasil en América, Sudáfrica y Nigeria en África, Egipto y Arabia Saudita en el Oriente Medio. Y, por supuesto, varias naciones asiáticas, en una región de 3.000 millones de habitantes.

Y es que la pretensión española de entrar en el G-8 denota no sólo una equivocada percepción del lugar de España en el mundo, sino un eurocentrismo que aún considera a nuestro continente como el eje sobre el que gira el universo. Pero el peso del mundo se desplaza a Asia, y es allí donde tienen lugar los desarrollos estratégicos y económicos claves de nuestra era (y la segunda carrera nuclear...) El único sitio donde no se han dado cuenta es en la cada vez más provinciana Europa.

Y por ello, los que pretenden ingresar a España en el G-8, deberían tener menos autocomplacencia, y observar, por ejemplo, cómo en la disputa del Perejil, el amigo americano parece conceder mayor importancia a los requerimientos de Marruecos que a los nuestros. ¿No debería dar eso cierta medida de nuestra importancia?

 
 

Andrés Freire é colaborador do IGADI.

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ÚLTIMA REVISIÓN: 05/08/2002