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Colombia
Por Andrés Freire (Canal Mundo, 20/08/2002)
 
 

De las desgracias que asolan países no hay ninguna que me conmueva tanto como la de Colombia. Una violencia endémica y atroz destruye toda posibilidad de vida digna, de creación de riqueza, de construcción de un futuro. Y ello en un país poblado de gentes con talento, de alto nivel social y cultural, que se siente obligados a huir a otros países en los que realizan trabajos que en su tierra jamás harían.

Lo que hace especial, a mi entender, la tragedia colombiana es que es en gran parte resultado de una política de dudosa lógica, impuesta a Colombia desde el exterior hace ya muchos años. Me refiero a la “ilegalización” de las drogas. Y si coloco entre comillas la palabra ilegalización, es porque, al tiempo que se prohíben unas drogas, otras bastante parecidas no sólo son permitidas, sino incluso financiadas por el erario público de la seguridad social en distintos países occidentales. Sin esa cantidad de dinero ilegal que inunda Colombia la violencia y división social sería muchísimo más tratable.

Resulta iluso pensar que ese dinero negro de la droga permanece en Colombia. Buena parte de él, termina en los países ricos y estables, donde las inversiones son más seguras. Recientemente El País publicó un informe que habla públicamente de lo que ya sospechábamos: la explosión constructiva en nuestras costas mediterráneas se ha hecho con dinero de dudoso origen. Cuenta el reportaje cómo muchas autoridades españolas miran a otro lado cuando alguien aparece con unos millones de euros, para construir un hotel o unas residencias de lujo. Banqueros, políticos, fuerzas de seguridad, por distintas razones, prefieren no menear un tema que tan aparentes beneficios procura en distintas regiones. La impresión que uno saca del reportaje es que unos países se llevan la desolación y la ruina, otros la riqueza. Riqueza, por otra parte, fugaz y destructiva.

No es difícil imaginar las consecuencias a medio plazo de la instalación en España de tales mafias. Es tanto el dinero que fluye sin control que lo corrompe todo, la política, la judicatura, las fuerzas de seguridad. En el ámbito de la economía, quienes juegan de acuerdo a las reglas no pueden competir en equidad con quien maneja dinero negro.

En cuanto al país andino, tales son las calamidades que la destrozan que yo me pregunto si no sería mejor arriesgarse a la ira del mundo, y liberalizar las drogas. Implicaría, supongo, su ostracismo durante un cierto tiempo, pero ¿pueden ir allí peor las cosas?

 
 

Andrés Freire é colaborador do IGADI.

 
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ÚLTIMA REVISIÓN: 14/08/2002