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Camino de Moscú
Por Xulio Ríos (El Mundo, 31/07/2001)
 

Kim Jong-il va camino de Moscú. El viaje tiene un gran significado y no solo por la excentricidad, bien alejada de cualquier veleidad romántica, de su opción de transporte, el ferrocarril transiberiano, o ese aislamiento del máximo dirigente norcoreano que convierte en acontecimiento cualquiera de sus salidas al exterior (¡y van dos en 18 años!).

El régimen de Pyongyang se encuentra entre la espada y la pared. Un año después de su inicio, la apuesta por el diálogo con Seúl se encuentra en punto muerto y las expectativas no son optimistas. Pese al interés de ambas Coreas por impulsar el reencuentro y la normalización en la península, el cambio de actitud de la Administración estadounidense ha supuesto un serio revés a sus planes. Bush, se dice en Washington, no confía en Kim Jong-il ni en su régimen. Asi se lo manifestó a Kim Dae-jung, el presidente de Corea del Sur, cuando visitó la Casa Blanca en febrero último. La conclusión del presidente surcoreano fue clara: Bush no se entusiasma con el proceso.

¿Por qué? Pyongyang ha reanudado sus relaciones diplomáticas con numerosos países en los últimos meses; en el ámbito interno, ha dado señales de una cierta apertura con la renovación de equipos económicos que reflexionan sobre la introducción de zonas económicas especiales en el país, siguiendo el modelo chino, para captar inversiones extranjeras. En materia de seguridad, en noviembre pasado, el régimen norcoreano anunció la suspensión de su programa de fabricación de misiles de largo y medio alcance, que tanta tensión había generado con Washington y Tokio. Pero no ha servido de nada.

Pese a la constatación de signos tan evidentes de un giro lento pero manifiesto, la Casa Blanca tiene hoy otra prioridad: dejar las cosas como están. Y es que desactivar ahora el problema coreano supone dejar al Pentágono sin un argumento de peso para justificar su sistema de defensa antimisiles o su proyecto de teatro de operaciones para el Pacífico, que tanto inquietan a Moscú y Beijing. Un acercamiento sostenido entre las dos Coreas, aunque la unificación consuma los empeños de toda una generación, revolucionaría no solo la península sino buena parte de la región. Estados Unidos sería el primer y gran afectado, quizás perdedor: ¿como mantener su holgada presencia militar en la región? ¿como seguir adelante con sus planes sin alarmar a China que sigue de reojo la siempre delicada evolución de Taiwán?

Pese a sus diferencias y fragilidades, Moscú y Beijing bien pudieran intentar hacer un frente común para debilitar a los Estados Unidos en la región de Asia-Pacífico. Rusia quiere recuperar su influencia en la región. Putin viajó a Pyongyang al mes de celebrarse la cumbre intercoreana. Jiang Zemin debe visitar Corea del Norte este año. Corea es una pieza fundamental de ese juego y Kim Jong-il parece dispuesto a poner el tablero.

 

Xulio Ríos es director del IGADI.

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ÚLTIMA REVISIÓN: 31/07/2001