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| Montenegro y el fin de Yugoslavia: ¿Hacia la última partición? |
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Alessandro Gori |
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En Serbia circula un chiste: cuando los montenegrinos llegan al mundo lloran diciendo “BeGe BeGeeee [BG es la matrícula de Belgrado]”, porque su deseo más grande sería ir a vivir en la capital serbia. Los ciudadanos de origen montenegrino que residen en aquella ciudad son quizá más que todos los habitantes de la pequeña república. Serbios y montenegrinos durante largas partes de su historia han vivido mezclados. Ahora, sin embargo, muchos en Montenegro piensan de manera diferente. “Los serbios nos ocuparon todo aquí: Estado, Iglesia, lengua, territorio. Pero poco a poco nos vamos despertando”, revela Duško, un montenegrino de unos 50 años, interpretando un sentimiento común entre su gente.
La República Federal Yugoslava (SRJ) es integrada actualmente por Serbia y Montenegro, dos de las entidades que formaban la República Socialista Federativa de Yugoslavia (SFRJ) hasta 1991 (el año que empezaron las más recientes guerras balcánicas). Montenegro se puede definir como el 'hermano menor': alrededor de 700.000 habitantes contra los cerca de 10 millones de Serbia viven en un territorio de casi 14.000 kmc, seis veces menor del de Serbia con sus 80.000 kmc. En 1992 las otras repúblicas ex yugoslavas (Eslovenia, Croacia, Bosnia - Herzegovina y Macedonia) alcanzaron el reconocimiento internacional. Las élites políticas de Serbia y Montenegro, ambas controladas por Slobodan Miloševiæ, decidieron en cambio formar una nueva versión de mini-Yugoslavia. Esta situación se debió por una parte a los lazos históricos entre los dos pueblos que hablan la misma lengua, tienen el mismo alfabeto (cirílico), comparten la misma religión (ortodoxa) y tienen una parte de historia en común. Evidentemente, la importancia estratégica que Montenegro tiene para Serbia es enorme, pues mantiene el único acceso de la Federación al mar (el Adriático), y no se veía como Miloševiæ podía renunciar a ello.
Hasta 1998 Montenegro había quedado bajo control de los hombres de Miloševiæ, organizados alrededor del Partido Socialista Popular (SNP) de Momir Bulatoviæ. En mayo de aquel año el joven Milo Djukanoviæ, con su Partido Democrático de los Socialistas (DPS) cabeza de la coalición 'Da živimo bolje' ('Para vivir mejor'), consiguió ganar con un margen mínimo las elecciones presidenciales a su rival acérrimo Momir Bulatoviæ. La pugna electoral entregó a Djukanoviæ un país partido. Montenegro es todavía una sociedad basada en clanes, así que la mitad de la población apoya o a los verdes de Milo (el presidente Djukanoviæ), más orientado hacia la independencia, y la otra mitad a los blancos de Momo (Momir Bulatoviæ), más partidario de una unión con Serbia. A partir de entonces, los enfrentamientos entre los dos Presidentes, Djukanoviæ de Montenegro, y Miloševiæ de Yugoslavia, fueron inmediatos y frontales. Empezó una guerra no declarada dentro de la misma Federación: los derechos constitucionales de Montenegro fueron sobrepasados, tanto que sus representantes ni siquiera podían ir a Belgrado para los actos oficiales. Era también la época en que Occidente cambiaba su política hacia Miloševiæ. El hombre fuerte de Belgrado ya no aparecía con su perfil aceptado en Dayton de 'hombre de la paz' para volverse el Ogro de los Balcanes, cada vez más paragonado con Hitler. Por lo menos a partir de 1998, la estrategia que la Comunidad Internacional podría ser resumida por el lema 'todo enemigo de mi enemigo es mi amigo'. Se apostó entonces por todo elemento que pudiera desestabilizar a Miloševiæ, especialmente a través de las regiones más cercanas a Belgrado y todavía pertenecientes a la República Federal Yugoslava: Kosovo y Montenegro. Gracias al enemigo común, el pequeño Montenegro también orientó su política hacia la Comunidad Internacional, quien vio en el joven presidente un posible aliado en la lucha contra Miloševiæ. Esta fue una de las razones que en 1999 ahorraron a Montenegro los bombardeos 'humanitarios' de la OTAN durante los 78 días de su campaña aérea contra Yugoslavia para la cuestión de Kosovo. Frente al total aislamiento de Serbia, Montenegro recibía en cambio consistentes ayudas económicas de Occidente, esencialmente de Estados Unidos, para mantener su posición. Además del apoyo a un gobierno que no se podía definir exactamente democrático, Occidente cerraba de momento ambos ojos sobre la manera en que el país y sus mandatarios se sostenían económicamente: la gran cantidad de material de contrabando (sobre todo cigarrillos y droga ligera) que desde sus puertos todavía llega en las manos de la mafia italiana basada en Puglia, que lo redistribuye en toda Europa. Frente a esto, muchos medios informativos occidentales pintaban a Djukanoviæ como a un demócrata.
En verano de 2000 se daba ya la situación de dos repúblicas separadas dentro del mismo estado, la Federación Yugoslava, que de en aquel entonces existía sólo formalmente. Muchos eran los conflictos que enfrentaban peligrosamente las dos entidades. Si para entrar en Serbia todavía los occidentales necesitan un visado con una carta de invitación, en Montenegro sólo hace falta el pasaporte. Al mismo tiempo, por los controles efectuados por la policía serbia, la frontera interna a la Federación entre Serbia y Montenegro era más impermeable que los confines externos de Montenegro, que se podían en cambio atravesar con relativa facilidad. Como vimos, Montenegro mantiene el único acceso al mar de la federación, pero no se trata sólo de un problema estratégico o económico, sino también aspectos más prácticos. Budva, con su muralla veneciana, es una preciosa localidad balnearia en el Mediterráneo. Frente a la imposibilidad de irse al extranjero, Budva y la costa montenegrina constituyen el destino veraniego de millares de turistas serbios, que por lo visto allá todavía son bienvenidos. En agosto gracias al puente aéreo entre Tivat (el aeropuerto más cercano a la ciudad) y Belgrado, hasta catorce aviones por día llevaban por 30 marcos por trayecto a los ciudadanos serbios a las merecidas vacaciones. Todo acontecía en un clima apacible, sin prácticamente ningún turista extranjero y con precios populares que permitían a la población de disfrutar, por lo menos a quienes podían hacerlo. En esta localidad, como en todo Montenegro, los precios ya estaban oficialmente en marcos alemanes, pero no se trataba de ayudar a los turistas teutónicos, que no había. En el último decenio, el marco alemán ha sido la moneda no oficial en todas las repúblicas ex yugoslavas, la única divisa en que se siguen haciendo todas las contrataciones. Hace casi dos años, el gobierno de Montenegro decidió sólo legalizar una situación que ya existía. Pero se trató, una vez más, de una medida política, para que el país pudiera resultar más impermeable a las presiones de Serbia.
Cuenta una leyenda que cuando Dios creó la Tierra le había quedado un montón de piedras. No sabiendo qué hacer con ellas, decidió ponerlas todas juntas en el mismo sitio. Así, dicen, nació Montenegro. El país es mayoritariamente montañoso y pobre. El salario medio mensual se sitúa alrededor de los 50 - 80 marcos, y su reducida población sobrevive en medio de las dificultades con los más variados recursos, esperando tiempos mejores. La república ofrece unos paisajes fantásticos y abruptos, sobre todo en la parte occidental del país, con los 2.522 metros del macizo de Durmitor. Sólo hace falta dejar el relajado litoral con un viejo autobús que sube renqueando las carreteras curva tras curva para encontrar otro tipo de ambiente. A unos 30 kilómetros, que parecen una vida, se llega a la ciudad de Cetinje. El viaje es corto, pero permite inmergirse en una atmósfera totalmente distinta, casi una vuelta atrás en la historia. Porque aquí la historia todavía sigue viva y puede tocarse con mano, como en varios lugares de la antigua Yugoslavia. Cetinje, que tiene hoy en día sólo unos quince mil habitantes, fue capital de Montenegro desde la Edad Media hasta la Primera Guerra Mundial. La ciudad se ha vuelto el centro cultural del nuevo independentismo montenegrino. Casi todos los coches llevan la bandera yugoslava de la matrícula cubierta con uno de los símbolos históricos de la república, aun que no sepan decidirse entre el águila bicéfala o la cruz, y entre las siglas MG o CG (Crna Gora quiere decir Montenegro, en serbio). «Montenegro será pronto independiente, muy pronto», afirman convencidos unos trabajadores de la biblioteca de la ciudad, edificio que albergó la Embajada italiana después del Congreso de Berlín (1879-1916). Igualmente, en otras calles de Cetinje se encuentran los palacetes en estilo Liberty, que hospedaron las otras representaciones diplomáticas de los imperios de entonces, el ruso, el turco y el austro-húngaro, así como las de Estados Unidos, Francia e Inglaterra. Empujados por el partido de su presidente, los montenegrinos acaban de descubrir que ya no son lo mismo que los serbios, rebobinando de alguna manera también su historia y su identidad. El monasterio serbio-ortodoxo, fundado en el 1484, es parte importante de la memoria de la ciudad y de la república. Ésta fue la residencia de los príncipes - obispos que entonces gobernaban; aquí descansan también los restos mortales de los últimos reyes de Montenegro, de la familia Petroviæ - Njegoš. En el monasterio vive el Metropolita Anfilohije, responsable de la diócesis de Montenegro, además de algunos monjes y de unos cien seminaristas de toda ex Yugoslavia. «Aquí tenemos un clásico ejemplo de identidad múltiple», explica padre Amvrosije, colaborador del Metropolita. «Los montenegrinos son al mismo tiempo también serbios. Pero ahora, por razones políticas y con la ayuda de los medios de comunicación, se les está empujando a decidir entre una identidad y otra». La Iglesia también ha llegado a ser un campo de lucha. Existe, de hecho, una iglesia montenegrina, en oposición a la serbio-ortodoxa. Es un poco difícil encontrarla: hay que seguir una calle secundaria que lleva a las afueras de Cetinje, hasta que se encuentren los primeros carteles que la indican. Una casa que lleva las insignias nacionales de Montenegro, es la residencia del Vladika (Metropolita) de la nueva entidad. Las iglesias cristiano-ortodoxas son autocéfalas, o sea divididas por países y no sometidas a una autoridad suprema como la del Papa de Roma para los católicos. Los patriarcas ortodoxos, primi inter pares, y sus iglesias resultan entonces independientes. La Iglesia serbo-ortodoxa es responsable de las diócesis de los territorios de la ex Yugoslavia donde había ortodoxos, incluyendo también a los montenegrinos. Con su larga barba blanca el Vladika Montenegrino Mihajlo, consagrado obispo por la Iglesia búlgara, habla despacio. Sin embargo, deja claro desde el comienzo que: «Se trata más que nada de un problema político, porque aquí hay dos estados y una sola Iglesia. Ahora, los dos países pueden estar juntos sólo con la fuerza. La independencia de Montenegro es la única salida, y para esto algo tiene que pasar este año», añade el jefe de la entidad, reconocida por el gobierno como una de las iglesias del país en enero de 2000.
A comienzos de 2001, el panorama geopolítico en la región está revolucionado comparado con lo del septiembre pasado. En julio de 2000, Miloševiæ tomó una nueva serie de iniciativas sin consultarse con Montenegro. Cambió la Constitución federal de Yugoslavia, determinando que la Cámara baja del Parlamento tendría diputados según la población de las dos repúblicas (y no la mitad), quitando toda la importancia que Montenegro pudiera tener en seno a la Federación. Al mismo tiempo, mudó el sistema de elección del presidente a un sufragio directo (en lugar de parlamentario), abriendo la puerta a su reelección por otros dos mandatos, impedida por la anterior Constitución. Finalmente, convocó para el 24 de septiembre múltiples elecciones anticipadas: a la presidencia federal, legislativas en toda la federación y también municipales, solamente en Serbia. En Montenegro el presidente Djukanoviæ decidió boicotear los sufragios, a pesar de las presiones occidentales. Organizó una imponente campaña a favor de la abstención concediendo así a los partidarios de Miloševiæ ganar en su mismo territorio. Inesperadamente, la situación en la región mudó radicalmente. Miloševiæ perdió las elecciones del 24 de septiembre, no reconoció los resultados y acabó derrocado el 5 de octubre por las manifestaciones populares lideradas por la Oposición Democrática Serbia (DOS), ahora en el poder en Belgrado. Todavía el Partido Socialista Serbio (SPS) de Miloševiæ queda vivo en la vida política y social, especialmente en el ámbito federal, puesto que gracias al boicot de Djukanoviæ pudo ganar toda la cuota de escaños reservada a Montenegro en el Parlamento Federal. Fue una de las razones por la cual el nuevo presidente yugoslavo Vojislav Koštunica optó por una transición lenta y pactada con los hombres del SPS. Fue una ironía que en el momento en que los partidarios de Miloševiæ perdían supuestamente todo el apoyo y el poder, Koštunica escogía como Primer Ministro federal a Zoran Ziziæ, del SNP cercano al mismo Miloševiæ. Según la ley, si el presidente es serbio el primer ministro tiene que ser montenegrino, y el partido de Djukanoviæ ni siquiera estaba representado.
Miodrag Vukoviæ es el presidente del Partido Democrático de los Socialistas de Montenegro (DPS), uno de los que integran la coalición gobernativa. Al mismo tiempo es el principal asesor del Presidente Milo Djukanoviæ. A finales de agosto revelaba en Podgorica: El referéndum sólo es uno de los pasos hacia nuestro objetivo. Nuestra filosofía es esperar y ver qué acontece. Nosotros no tenemos prisa, pero al mismo tiempo no hay que ir demasiado despacio. En estas condiciones un referéndum podría ser una causa de conflicto. No necesitamos la soberanía si tenemos que volvernos una nueva Chechenia. En el caso de que la oposición gane en Belgrado [como aconteció en septiembre, ndr], pasará lo mismo. Tendrán que probar que quieren discutir con nosotros. Habrá que llegar a un acuerdo para introducir una verdadera y completa igualdad entre Montenegro y Serbia y al mismo tiempo buscar la integración internacional. A partir del cambio de poder en Belgrado, las nuevas relaciones con Montenegro constituyen uno de los temas principales en la agenda. Los hilos están movidos ahora por los dos nuevos hombres fuertes en Belgrado: el nacionalista moderado Vojislav Koštunica, presidente de Yugoslavia, y el pragmático Zoran Djindjiæ, después de las elecciones del 23 de diciembre, primer ministro serbio. Justo antes de los comicios, a la pregunta de si Montenegro iba a seguir en la Federación Yugoslava, Djindjiæ contestaba: Después de estas elecciones tendremos una serie de encuentros al nivel más alto en los que participarán Koštunica [presidente de la Federación] y Djukanoviæ [presidente de Montenegro] para alcanzar un acuerdo. Se tratará de legalizar la posición adquirida de facto por Montenegro y reformar la constitución. Confío que encontraremos un acuerdo. Nuestros objetivos son los mismos: mantener pocas funciones comunes entre los dos estados que se administren de manera conjunta: por ejemplo política monetaria, exterior y ejército. En realidad no estamos de acuerdo sólo en la manera de hacerlo. A pesar de que Miloševiæ ya no esté en el poder, el gobierno de Montenegro mantuvo su postura independentista, con el objetivo declarado de buscar el reconocimiento internacional para más tarde constituir eventualmente una asociación de Estados con Serbia. Después de ásperas polémicas y batallas políticas, finalmente Djukanoviæ convocó elecciones anticipadas para el 22 de abril. El referéndum para la independencia se convocaría inmediatamente después. Uno de los puntos más discutidos giraba alrededor de quienes serían los ciudadanos que votarían en el referéndum. ¿Sólo los Montenegrinos que viven en Montenegro o también los de Serbia? Al final, Djukanoviæ se impuso una vez más. Sólo hará falta la mayoría simple y tendrán derecho a expresarse quienes hayan vivido en Montenegro en los últimos dos años como mínimo. Las mismas elecciones constituirán un referéndum a favor o en contra de los proyectos del gobierno. Así que Djukanoviæ y los suyos podrán rectificar su posición si se dieran mayores sorpresas en las urnas. Todavía hay mucho camino por delante y muchas posibilidades de invertir decisiones que no aparecen totalmente irreversibles. El gobierno montenegrino conoce los riesgos de jugar en esta dirección porque el país está profundamente dividido. Aunque, según una encuesta realizada recientemente, hoy en día el sí al la independencia ganaría sin mayores problemas. Sin embargo, el frente que apoya el referéndum está lejos de ser compacto. Djukanoviæ tiene problemas dentro de su misma coalición de gobierno. El Partido Popular (NS) lleva tiempo enfrentado a Djukanoviæ por la utilización de los medios de comunicación por parte del gobierno. Se encuentra más cerca ahora a las posiciones del SNP de Bulatoviæ que a sus compañeros de coalición y probablemente Djukanoviæ tendrá que buscarse otros socios de gobierno. Asimismo, SNP y NS dejaron entrever la posibilidad de un boicot al referéndum. Rumores indican la eventualidad de retrasar ulteriormente el referéndum con la convocación de nuevas elecciones federales en la próxima primavera, anulando las enmiendas a la Constitución de julio de 2000.
Si hasta ahora la actitud de la Comunidad Internacional ha sido muy indulgente con el gobierno de Montenegro, está ahí el delicadísimo precedente de Kosovo. A más de un año y medio del fin de los bombardeos de la OTAN contra Serbia un futuro pacífico para Kosovo se vislumbra muy lejano y muchas son las sombras que envuelven la misión internacional, recién abandonada por su polémico director el francés Bernard Kouchner. Por un lado se consiguió la vuelta de la mayoría del millón de albano-kosovares que tuvieron que huir por la guerra, se sentaron las bases para una nueva policía y se crearon las condiciones para los comicios administrativos celebrados el 28 de octubre pasado. Con todo, parece que en Kosovo ya no hay sitio para los no albaneses. Las fuerzas internacionales asistieron al éxodo de 150.000 serbios, juntos a muchos miles de otras minorías, especialmente gitanos. Permitieron la existencia de enclaves y toleraron revanchas y violencia indiscriminada contra las personas y el patrimonio artístico - religioso serbio en Kosovo. Mientras, persisten graves restricciones de seguridad y de libre circulación. De momento, sólo la división física entre las comunidades serbia y albano-kosovar puede salvaguardar una cierta estabilidad, manteniendo no obstante una violencia de baja intensidad. Las posiciones siguen inconciliables. Todo enfrenta a las dos comunidades: la historia, la lengua, a menudo la religión (en su mayoría los albano-kosovares son musulmanes), la represión del estado serbio en los años de Milosevic frente al bombardeo de la OTAN y la consiguiente revancha de los albano-kosovares. Pasando por las carreteras, en el medio de destrucción y reconstrucción, se notan numerosas banderas de Albania (la misma de Kosovo) junto a las de Estados Unidos, a quienes todo el mundo agradece el actual escenario. En este momento no hay un sólo albano-kosovar que podría aceptar algo menos que la independencia. La Comunidad Internacional lo hizo todo para que así fuera. Aparentemente la resolución 1244 de Naciones Unidas, que en junio de 1999 puso fin a la guerra de la OTAN contra Serbia, no deja lugar a dudas. Confirma «la integridad territorial de la República Federal de Yugoslavia, así como de los otros estados de la región» y se propone «organizar una administración ad interim para Kosovo bajo la cual su pueblo pueda beneficiar de una autonomía substancial en el ámbito de la República Federal de Yugoslavia». Sin embargo, Enver, 27 años, exterioriza la posición común entre los suyos: «tenemos ya una independencia de facto. Si la Comunidad Internacional no la reconocerá, será difícil convencernos a los albano-kosovares. Los serbios con su política de los últimos años perdieron cualquier derecho de soberanía sobre Kosovo. Yo no veo otro camino». Todo, a partir de los 78 días de bombardeo de la OTAN contra Serbia, se justificaba con la presencia del ogro Miloševiæ en el poder en Yugoslavia. Sin embargo, los cambios en Belgrado y la marginación de Miloševiæ constituyeron para los albano-kosovares la peor noticia posible. Si con el dictador todavía en su cargo tenían alguna posibilidad de alcanzar sus objetivos, ahora la Comunidad Internacional parece haber suavizado su actitud hacia los serbios. Hasta definió «actos terroristas» los recientes ataques armados albaneses en los valles de Preševo y Bujanovac, en la franja de seguridad, justo al otro lado de la frontera. El protectorado internacional va para largo. Los soldados de la misión de las Naciones Unidas (UNMIK) revelan, off the records, que las tropas tendrán que quedarse por estas tierras por lo menos durante unos quince o veinte años.
Gracias también a la actitud de la comunidad internacional, Montenegro, este pequeño país de 700 mil habitantes, se está convirtiendo peligrosamente en el centro de los acontecimientos en esta parte de Europa. Lo que menos Occidente quiere ahora es crear otro Kosovo. La nueva administración Bush declaró sí que va a mantener su compromiso en los Balcanes, pero no permitirá nuevas desestabilizaciones. Sobre la real actitud de EEUU, los señales han sido contrastantes. Por un lado, Montenegro está redactando una nueva ley aduanera para cuando se vuelva independiente. Según algunas fuentes, en la redacción participaría también 'US Aid', la Asociación de Desarrollo Internacional de EEUU. Especialmente emblemática fue la reacción de Colin Powell, flamante Secretario de Estado, durante la visita de algunos líderes balcánicos en Washington a comienzos de febrero. En los mismos días, Powell se encontró - por separado - con Djindjiæ y con una delegación albano-kosovar encabezada por Ibrahim Rugova. Sin embargo, no encontró el tiempo para entrevistarse con Djukanoviæ, dejando al presidente Montenegrino consultarse con uno de sus vices. A mediados de febrero William Montgomery, embajador de EEUU en Yugoslavia, no parecía dejar lugar a dudas: en un encuentro con Djukanoviæ dijo que «Montenegro's future is within Yugoslavia. US believes Montenegro's democratic future lies within the frames of a democratic Yugoslavia (...) this would be vital for the future stability of Yugoslavia», pero agregó que «Djukanoviæ had to make the decision on what is best for Montenegro». Por lo que se refiere al Viejo Continente, la nueva Serbia, por fin democratizada, se acercó fulminantemente a la ayuda, la cooperación y las inversiones de la Unión Europea (UE). Si Koštunica se distingue por ser pro-francés, Djindjiæ cuenta con muy buenos contactos en Alemania. La prudencia demostrada por el nuevo gobierno en la actual crisis en los valles de Preševo y Bujanovac, zona de actuación de terroristas albano-kosovares, ha ya provocado efectos positivos en las relaciones con la Comunidad Internacional: en febrero de 2001 la OTAN decidió reintegrar a Serbia de una parte de la zona de seguridad de cinco kilómetros cerca de su frontera con Kosovo. El caso de Italia es más interesante. Los transalpinos tienen muchos lazos geográficos y históricos con Montenegro. Era montenegrina la reina Elena, hija de Nikola de Montenegro y esposa de Vittorio Emanuele II, uno de los últimos monarcas de Casa Savoia. Sin embargo, en los últimos años el gobierno italiano ha intentado situarse como principal interlocutor de Serbia, incluso en la época en que Miloševiæ ya había caído en desgracia en las cancillerías occidentales. Ya era notorio antes del reciente destape en las páginas del diario romano Repubblica que en junio de 1997 Telecom Italia había comprado el 29% de Telekom Srbija, proporcionando importante capital fresco al gobierno serbio por aquel entonces en apuros. Si bien la mayoría de las misiones del bombardeo de la OTAN contra Serbia salían desde las bases italianas, paradójicamente los mismos aviones bombardeaban las factorías de Zastava en Kragujevac en donde la más importante compañía italiana (FIAT) tenía astronómicas participaciones que se quedaron en humo. Con todo, el embajador italiano fue el único occidental en permanecer en la capital yugoslava bajo las bombas. Ahora que el Ogro ya se fue, existe espacio para reposicionarse. Es de enero una entrevista del Ministro de Finanzas italiano Ottaviano del Turco en que el político habla abiertamente de las conexiones mafiosas entre Djukanoviæ y el boss Francesco Prudentino de la Sacra Corona Unita, la mafia pugliese.
Con el rompecabezas de Kosovo bien presente, ahora que finalmente Miloševiæ dejó la escena política no parece que las potencias occidentales quieran poner en peligro una todavía frágil Serbia que acaba de conquistar la democracia y de abrirse a sus inversiones. En juego está la estabilidad de la región entera. Con la independencia de Montenegro sería más difícil no concederla también a Kosovo. Con todo, sin Montenegro ya no existiría Federación Yugoslava, y de esta manera se caería automáticamente el vínculo de la citada resolución 1.244 de Naciones Unidas. En este caso la Comunidad Internacional podría aprovecharse de la situación. Pero sería jugar, una vez más, con el fuego, considerando la situación interna de Serbia y el paulatino cambio de sentimiento internacional hacia los albano kosovares, especialmente después de los últimos atentados.
Alessandro Gori, Universitat de Barcelona. |
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ÚLTIMA REVISIÓN: 15/04/2001
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