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| Presentación |
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A agardada investidura de Lula como Presidente do Brasil, e as
inmediatas primeiras medidas corresponden a un momento brillante, política e estratexicamente, do novo goberno,
tendo en conta ademais, que seguiron fielmente os compromisos petistas de sempre, atentendo primeiramente á
mellora dos estándares de vida dos brasileiros. Moi principalmente, da “famélica lexión” dos
máis desfavorecidos: 54 millóns de persoas que viven baixo a liña da pobreza.
As primeiras medidas: posta en marcha do plan “Fame Cero”, co aprazamento da millonaria compra de cazabombardeiros
para destina-lo custo a esta prioridade; participación das Forzas Armadas nas novas accións sociais;
o plan de outorgamento de títulos de propiedade ós habitantes das favelas, ou o plan-rescate para
mozos marxinados no narcotráfico, son brillantes en canto inapelables, xa que ata a mesma oposición
sabe que comezar as críticas agora resultaría gravosamente impopular. O mesmo mercado financeiro
que vetara a Lula durante a campaña coa perda dun 40% do real respecto ó dólar, premiao agora
coa súa revalorización. Os organismos internacionais, como o Banco Mundial ou a FAO, fixeron súa
a loita contra a fame e aportarán 5 billóns de dólares nos vindeiros catro anos. No mesmo
período, o Banco Interamericano de Desarrollo aportará 6.000 millóns de dólares.
No equilibrio e seriedade da elección deste equipo de goberno – a razón na fronte económica,
o corazón no social- atopou Lula a tranquilidade do empresariado local, dos mercados e dos organismos financeiros
internacionais. Ademais do industrial Alencar na vicepresidencia e o propio Furlán, a área técnico-liberal,
a económica, conta cun home forte en José Palocci, en Facenda, e Enrique Meirelles, ex presidente
da BankBoston, á fronte do Banco Central. Como se agardaba, Lula reservoulles a área social para
membros do PT (Cristobam Buarque, Educación; José Graciano, “Fame Cero”, ou Humberto Costa, Saúde),
coidándose de gardar carteiras para os grupos que o apoiaran no Congreso (o Partido Democrático dos
Traballadores, o Partido Socialista Brasileiro, ou o Partido Popular Brasileiro). Pola súa banda, tres ministerios
moi visibles, Exteriores, Xustiza, e Defensa, son encargados a profesionais de recoñecido creto no nivel
internacional: Celso Amorín, Marcio Thomaz Bastos, e José Viegas, respectivamente. Ministerios redimensionados
serán o da Presidencia, a cargo de José Dirceu, presidente do PT, e o de Agricultura, co técnico
Roberto Rodrigues, para cando Lula principie a máis importante e complicada das reformas prometidas, a agraria.
A esperanza xa tomou corpo nunha festa popular sen precedentes nas investiduras presidenciais, apoiada pola expectación
positiva do 76% da poboación no tocante ó desempeño do novo goberno. Os brasileiros agardan
cambios, non en van a victoria do PT constuitúe xa un moi significativo paso adiante na evolución
democrática no Brasil. Un volco electoral anunciado que ven dado pola chegada ó poder da socialdemocracia,
tras imporse tamén entre as distintas correntes esquerdistas dun PT que chega cun new deal tradicional para
Brasil: política social de carácter redistributivo da renda alicerceada sobre políticas compensatorias;
acción de planeamento estratéxico que privilexia o capital productivo en troques do financeiro; procedementos
decisorios baseados na concertación entre capital productivo, traballo e Estado. |
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“A Esperança é Brasileira”, por Teresa
de Sousa, en Público,
3 de xaneiro de 2003
Falta agora a Lula provar que é possível
vencer a injustiça social como condição última da consolidação democrática
e do desenvolvimento económico. As democracias não sobrevivem eternamente à extrema desigualdade
e à corrupção. O populismo que hoje grassa na América Latina como a alternativa mais
fácil ao neo-liberalismo administrado por elites políticas corruptas pode matar por largas décadas
o processo de democratização empreendido nos anos 80. Falta acabar o trabalho de FHC para que se
consolide na América Latina o exemplo de que há caminhos alternativos. |
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“Brasil:
menú para el proyecto Hambre Cero”,
por Martín Granovsky, en La Jornada,
8 de xaneiro de 2003.
Con una ingestión adicional media
de 50 por ciento de las calorías y proteínas en función de la distribución de cupones
a las familias pobres, la producción actual de arroz y frijoles debería aumentar más de 30
por ciento”, dice un documento. “Eso significa expandir el área cultivada en casi 3 millones de hectáreas,
generando más de 350 mil puestos de trabajo y aumentando el valor actual de la producción agrícola
en cerca de 5 mil millones de reales, que es más o menos la mitad del costo anual de los cupones previstos
en el proyecto. |
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“La
encrucijada de Lula”, por Casimiro García-Abadillo, en El Mundo,
6 de xaneiro de 2003.
Por desgracia, o tal vez por suerte, para
el presidente brasileño, su política no puede hoy llevarse a cabo al margen de los mercados. En estos
momentos, Brasil se enfrenta a dos problemas tan graves como urgente debe ser su solución: la pobreza y
la elevada deuda externa. |
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“¿Dos
América Latina?”, Editorial, en La Tercera,
5 de xaneiro de 2003.
Las adversas cifras de 2002 abonan la tesis
del analista internacional Mark Falcoff respecto de la consolidación de dos ejes regionales: uno de estabilidad
económica –integrado por Chile y México- y otro de incertidumbre, liderado por Argentina y Brasil.
Aunque las expectativas para 2003 son más alentadoras, la consolidación económica y política
de toda la región aún parece muy incierta. |
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“Los desafíos de Lula y el cambio en Brasil”, despacho de Xinhua
(China), 1 de xaneiro de 2003.
Para cumplir su promesa de cambio, Lula
tiene que enfrentar, en especial a comienzos de su mandato, el desafío de conciliar el miedo y la esperanza:
lograr que el país recupere el crecimiento económico, la reducción de las desigualdades sociales
y, sobre todo, conseguir que mundos históricamente enfrentados realicen un esfuerzo común, en medio
de las duras restricciones impuestas por la crisis internacional. En síntesis, la ecuación que Lula
pretende establecer es la retomada del crecimiento con estabilidad monetaria y reducción, al mismo tiempo,
de la desigualdad en la distribución de renta, una de las mayores del mundo. |
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“La
Hora de Lula”, Opinión-Editoriales,
en ABC, 3 de xaneiro de 2003.
El ya ex presidente Cardoso, con gran sentido
de Estado, ha preparado una transición tranquila y Lula ha constituído un Gabinete de acreditadas
personalidades, avalado por los organismos financieros internacionales, Washington y los empresarios y sindicatos
domésticos. |
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“La asunción del nuevo gobierno en Brasil”, Editorial, en Clarín, 3 de xaneiro de 2003.
En su discurso de asunción, el nuevo
mandatario afirmó que su principal objetivo será garantizar que los pobres tengan acceso a la alimentación
básica. Pero también explicitó que promoverá los cambios sin atropellos y sostuvo que
no romperá los compromisos asumidos por su país. El nuevo gobierno otorga una importancia decisiva
a la situación del subcontinente y a la influencia que la misma puede tener en la economía y las
cuestiones estratégicas de Brasil. |
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“Esperanza brasileña”, Editorial, en El Correo, 3 de xaneiro de 2003.
Un cuarteto acreditado añade garantías
al despegue de la nueva Administración: José Dirceu, su veterano mentor político y artesano
del auge del PT, es ministro de la Presidencia y llevará las relaciones políticas con un Parlamento
en el que Lula no tiene mayoría; Celso Amorín va a Exteriores, y, en el equipo económico,
un dúo de peso: Antonio Palocci (Hacienda), el gran asesor de Lula, y el banquero profesional Henrique Meirelles
(al Banco Central), bien visto por EEUU y los organismos financieros internacionales. |
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“La esperanza Lula”, Editorial, en La Vanguardia,
3 de xaneiro de 2003.
La formidable fiesta popular que acompañó
la toma de posesión del nuevo presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, es una muestra
de la esperanza que ha levantado en aquel país la llegada al poder, tras tres derrotas electorales, del
líder izquierdista. Una esperanza que aparece muy por encima de los temores que, lógicamente, sacuden
no sólo a los sectores más conservadores. |
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“Lula no se perfila como activista internacional”, por Andrés
Oppenheimer, Miami Herald, 1 de xaneiro de 2003.
Puede que me equivoque, pero no creo que
Lula pase a formar una trilogía con Castro y Chávez. Su discurso inaugural probó lo que ya
sabíamos de él: es un hombre sin mucho interés en temas internacionales y- a diferencia del
presidente saliente Fernando Henrique Cardoso- poco conocimiento del resto del mundo. |
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“Lula y las tres comidas”, en El Tiempo,
2 de xaneiro de 2003.
Por ahora, el único temor que inspira
el discurso de Lula es que confunda el buen gobierno con el asistencialismo. De todas las perversiones que afectan
a los políticos, una de las peores consiste en creer que la calidad moral de los gobiernos se mide por el
volumen de gasto social. |
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“Nueva oportunidad con Da Silva”, por Javier
Solana, en La Vanguardia, 3 de xaneiro de 2003.
Es por tanto natural que la UE haya recibido
con gran satisfacción las manifestaciones del presidente electo de Brasil incluyendo entre las prioridades
de su mandato la integración de Mercosur y su asociación con Europa. Tenemos la firme voluntad política
de establecer una estrecha asociación con Mercosur que será una pieza clave en la construcción
de la asociación estratégica entre la UE y América Latina que nos propusimos como meta en
las cumbres birregionales de Río de Janeiro en 1999 y de Madrid en 2002. Tenemos la seguridad de que, para
lograr esa meta, encontraremos en el presidente Da Silva un aliado fundamental; un aliado que va a abrir una nueva
oportunidad para América Latina y para sus relaciones con la Unión Europea. |
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