| |
| Presentación |
|
| |
|
|
| |
|
Hai tres anos, en abril de 2000, o goberno de Hugo Bánzer
decretou o estado de sitio para facer fronte á onda de protestas contra as medidas de axuste estructural
da economía. As protestas pecháronse con 10 víctimas mortais, un acordo sobre a abrogación
da Lei de Terras e o arquivo da Lei de Augas. En outubro de 2003, tras 32 días de protestas populares, preto
dun cento de mortos e a saída do país do presidente Sánchez de Losada e o seu ministro de
Defensa con rumbo ós EEUU, o independente Carlos Mesa Gilbert afronta un mandato interino condicionado por
novas promesas: convocar unha Asemblea Constituínte para a redacción dunha nova Constitución;
cambia-la Lei de Hidrocarburos e analiza-lo proceso de privatizacións de empresas estatais iniciado en 1995;
levar adiante un referendo vinculante sobre a explotación dos xacementos de gas do país...
Mesa e o seu equipo, de corte tecnocrático, tratarán de convencer ós bolivianos da importancia
de exportar gas, labor que será máis ou menos exitoso dependendo de que logre ou non convencer da
bondade e adecuación das demáis políticas económicas do goberno. O gas é só
o factor detonante do descontento de amplos sectores do país coas políticas de axuste duro, que non
lograron eleva-lo nivel de vida e propiciaron unha longa serie de cesións na soberanía política
e económica.
Mesa busca o consenso. Evo Morales, líder do segundo partido máis votado nas últimas eleccións
(Movimiento al Socialismo, MAS), á fronte da mobilización da protesta, perdeu apoios ó ofrecer
como saída á crise a mesma proposta que a embaixada de EEUU: a formación dun goberno provisional
encabezado por Mesa. Pero esta foi a elixida. No outro extremo, Felipe Quisque, secretario executivo do principal
sindicato agrario (Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, CSUTCB), amosa unha posición
aparentemente inflexible, non satisfeita coa creación de dúas carteiras “sociais” para ministros
indíxenas. Morales e Quisque non actuaron de xeito conxunto senón como opositores a un mesmo goberno.
É aventurado prognosticar unha alianza alternativa nun prazo medio. Máis seguras parecen as dificultades
que deberá afrontar o gabinete do presidente Mesa. |
| |
|
|
| |
|
|
| Índice |
|
| |
|
|
| 1 |
|
“Aliento
para Bolivia”, Editorial de El Correo,
20 de outubro de 2003.
Carlos Mesa, el vicepresidente ahora al
frente de Bolivia, es un respetado historiador y periodista que ha prometido un referéndum vinculante sobre
el gas y fomentar la creación de una Asamblea Constituyente que «refunde» la República.
Si, como Bolivia merece, le ayudan los líderes de la nueva oposición sindical e indígena,
Evo Morales y Felipe Quispe, al menos el país más pobre de Sudamérica recuperará el
aliento. |
| |
|
|
| 2 |
|
“Bolivia
revolucionaria”, por Manuel Castells,
en La
Vanguardia, 18 de outubro de 2003.
La guerra del gas es la guerra de las identidades
movilizadas en torno a la afirmación común de la nación contra el Estado corrupto y vendido.
El movimiento es de tal diversidad y profundidad que los días de Sánchez de Losada están contados.
Queda por saber si el Ejército, única fuerza en control, toma directamente el poder o deja, en cambio,
que se abra una negociación democrática. |
| |
|
|
| 3 |
|
“Bolivia, una crisis de todo”, por José
Javaloyes, en Estrella Digital, 20 de outubro de 2003.
Con o sin referéndum, se clarificarán
las cosas. Ese gas, por donde sea, fluirá hacia lo que es su destino y mercado natural. Y lo hará
en condiciones presumiblemente más justas y decorosas que las establecidas. La plebiscitación del
destino del hidrocarburo boliviano no debería llevar a condiciones que rompieran esa cuerda que siempre,
como se sabe, se rompe por la parte más débil. |
| |
|
|
| 4 |
|
“El despertar
del pueblo de La Paz”, por Aldo Luna Maceda, en
El Diario, 20 de outubro de 2003.
La difícil situación económica
del país, por falta de fuentes de trabajo, carestía de productos de la canasta familiar, corrupción
en todo nivel, así como la defensa del gas, patrimonio nacional, fueron la mecha que encendió a la
ciudadanía, que salió a las calles para defender lo nuestro, con un lamentable número de víctimas,
como producto de la acción de represión. Se había estado augurando que el proceso democrático
podría sufrir un grave riesgo, si se hacía realidad la explosión social que se veía
venir, ya que un pueblo postergado tiene reacciones impredecibles. |
| |
|
|
| 5 |
|
“Bolivia:
los problemas que hereda Mesa”, en La Tercera, 21 de outubro de 2003.
Frente a este horizonte, dos claves le permitirían
al Presidente afirmarse en el poder y concretar, en un plazo aún no definido, nuevas elecciones presidenciales.
Una de ellas se refiere al papel que juega Estados Unidos en toda esta crisis. La otra, de exclusiva responsabilidad
del nuevo gobierno, es la transparencia con la que se aborden temas propios de toda la sociedad: el alto nivel
de pobreza -65%- o la venta de gas a EEUU y México. |
| |
|
|
| 6 |
|
“Bolivia,
pobreza y democracia”, Editorial de Clarín, 21 de outubro de 2003.
Mientras tanto, deberá disiparse
toda duda sobre el rol que asumirán las fuerzas armadas, una institución que protagonizó más
de 170 golpes en la historia del vecino país. En este sentido, les corresponderá a los países
del Mercosur, así como a los Estados Unidos, contribuir a que el actual gobierno democrático pueda
consolidarse y afrontar con éxito el desafío de reducir la pobreza y los niveles de marginación
y exclusión social. |
| |
|
|
| 7 |
|
“¿Hay ayuda externa a la rebelión
boliviana?”, por Andrés Oppenheimer, en The
Miami Herald, 17 de outubro de 2003.
¿Hay apoyo de Libia y Venezuela a
los líderes sindicales y cocaleros que encabezan las protestas que ya han dejado 60 muertos en Bolivia?
¿O es que el asediado gobierno del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada está inventando esa
historia para asegurarse el apoyo de Estados Unidos? |
| |
|
|
| 8 |
|
“Espejo de una dramática situación”, por Arsenio
Rodríguez, en Gramma,
21 de outubro de 2003.
El país del Altiplano es un espejo
de lo que puede pasar en otras naciones. Se lucha por evitar la privatización del agua, contra el latifundio,
a favor de mejores salarios. Es una situación que se repite. Los gobiernos se comprometen con el Fondo Monetario
Internacional y aplican reajustes que afectan a la población. |
| |
|
|
| 9 |
|
“El país que quiere existir”, por Eduardo
Galeano, en piensaChile.com, 19 de outubro de 2003.
La ruta del gas boliviano no fue el motivo
más importante de la furia que ardió por todas partes. Otra fuente esencial tuvo la indignación
popular, que el gobierno respondió a balazos, como es costumbre, regando de muertos las calles y los caminos.
La gente se ha alzado porque se niega a aceptar que ocurra con el gas lo que antes ocurrió con la plata,
el salitre, el estaño y todo lo demás. |
| |
|
|
| 10 |
|
“Dispatch
from the Bolivian War: 'Like Animals They Kill Us'”,
por Forrest Hylton, en Americas.org,
15 de outubro de 2003.
It seems the only thing that could stop
this tidal wave of popular mobilization against neoliberalism and its leading representative in Bolivia would be
the president's resignation or the repeal of the law regulating multinational oil companies and the convocation
of a Constituent Assembly. Although an elite squad of the Chilean military is said to be "advising" the
Bolivian armed forces, and though the military high command issued a communiqué on October 13 in support
of Sánchez de Lozada, a massacre of gross proportions a la Pinochet may be out of the question, because
one current within the high command recognizes the democratic nature of popular demands. |
| |
|
|
| 11 |
|
“Bolivia:
Presidential Resignation Won't Stop Crisis”,
en Stratfor, 17 de outubro de 2003.
Bolivia's crisis is far from over. In fact,
it just may be starting. The strike against Sanchez de Lozada began as a protest against the government's reported
plans to route a controversial natural gas pipeline for the $7 billion Pacific LNG project through northern Chile.
However, since early September nationalist Bolivian opposition to Pacific LNG blossomed into a much broader popular
uprising by millions of poor -- who are protesting free-market and counter-drug policies that the U.S. government
has promoted aggressively in Bolivia for two decades. |
|